Centro Virtual Cervantes
Rinconete > Literatura
Martes, 17 de noviembre de 2009

Rinconete

Buscar en Rinconete

LITERATURA

Gabriel Miró o la literatura

Por Pedro Carrero Eras

Lo extraordinario del arte en general y de la literatura en particular está en la variedad de registros. Hay una novela realista, donde la acción predomina sobre las descripciones, y hay una novela lírica cuyo desarrollo argumental pasa a un segundo plano en favor del arte de los detalles, del tempo lento y moroso. Pero sea cual sea la tendencia o estilo, la obra bien hecha nunca caduca, para deleite de los lectores venideros. Y en ese concepto de la obra bien hecha, tan buscado por los intelectuales y escritores novecentistas, tenemos que incluir a uno de los autores más destacados de la narrativa del pasado siglo: Gabriel Miró. Si todo el período que se extiende desde 1900 hasta 1936 ha sido definido por algunos críticos como la «Edad de Plata» de nuestra cultura, y si uno de los rasgos esenciales que definen el arte nuevo de esos años es el de una gran renovación expresiva de la creación literaria, en esa revolución estética hay que situar a Gabriel Miró. La novela lírica, poética o poemática tiene en Miró a uno de sus más genuinos representantes.

La novela lírica exige un tipo de lectura pausada, diferente a la de otras formas de novela. Por eso Miró fue y sigue siendo un escritor de minorías, como escritores de minorías son la mayoría de los poetas. Si sus obras se intentaran publicar hoy, encontrarían dificultades con los editores, y, en el caso de editarse, con el gran público. Pero esta apreciación, que atiende a mecanismos sociales y comerciales, no nos importa a quienes amamos la literatura. Y como ya apuntó en su día un crítico, si queremos saber si a alguien le gusta realmente la literatura, hay que preguntarle su opinión sobre Gabriel Miró. Si la respuesta es negativa o algo tibia, la cosa está clara: a ese alguien no le gusta la literatura. A quien no aprecia verdaderamente lo que este arte tiene de genuino y específico, no se le puede exigir el esfuerzo de leer las novelas de Marcel Proust, Azorín y Gabriel Miró, por citar solamente a estos tres autores.

La imagen, el símil y las sinestesias cobran en el microcosmos narrativo de Miró una función esencial. Porque el autor de novela lírica, como el poeta, descubre asociaciones y semejanzas entre seres muy diversos. Todo conduce a una visión unánime del universo. Establecer correspondencias y crear imágenes está en la entraña del oficio literario. Miró es el artista de lo sensorial: olores, fragancias, sonidos, músicas y colores. Un mundo mórbido y sensual en el que las pulsiones y pasiones humanas laten sofocadas, y se entremezclan con las tradiciones y con toda la parafernalia religiosa. La religión es parte insoslayable de ese mundo estético, del que Miró se documentó profusamente cuando preparaba una magna Enciclopedia Sagrada Católica que, por quiebra de la editorial, nunca llegó a publicarse.

Nuestro autor transmite con su escritura la luz y la maravilla de la cosas, y tanto de lo bello como de lo injusto, lo desagradable o lo horrible, pues en la filosofía del alicantino está la aceptación, al menos estética, de la realidad: ver la vida según es, y amarla. Pero Miró no sólo es puro esteticismo, ni tampoco es ese «escritor de sacristía, un cura sin sotana», como lo definió superficialmente Cansinos Assens. Precisamente, la publicación de El obispo leproso (1926) levantó una oleada de protestas por parte de los sectores más conservadores, porque no pasó desapercibida la crítica del libro a una asfixiante sociedad provinciana, represora de la vida en su sentido más puro y libre, y creadora de seres infelices. La crítica de Miró no es tan directa como la de un Galdós o un Pérez de Ayala, pero su obra es la de un liberal, defensor del progreso y de la alegría de vivir. No hay que olvidar que los escritores de la llamada Generación del 14, a la que Miró pertenece, retrataron el escenario de una España que deseaban cambiar.

Centro Virtual Cervantes © Instituto Cervantes, . Reservados todos los derechos. cvc@cervantes.es