Arte / Claroscuro
Por Juan Carlos Ruiz Souza
La Reconquista durante la Edad Media posibilitó la existencia de una serie de capítulos claramente identificativos de la Hispania medieval. Entre ellos está el protagonizado por las Ordenes militares, o milicias organizadas en torno a una regla monástica que intentaba ensalzar el valor del caballero cristiano armado como defensor de la Fe y de los territorios cristianos, por muy incongruente que pudiera resultar su defensa por la fuerza frente al mensaje de Paz que en teoría encarnaba la religión cristiana. Muy importante al respecto fue el papel jugado por San Bernardo, verdadero impulsor de la orden monástica del Císter fundada por Roberto de Molesmes en 1098, al legitimar el uso de las armas contra los pecadores en su obra Elogio de la nueva caballería, escrita en 1130. No en balde fue decisiva la intervención de San Bernardo en la promulgación de la Segunda Cruzada (1145-48) organizada por Luis VII de Francia y Conrado III de Alemania.

Francisco Rizzi (1614-1685):
Un general de artillería (detalle)
Lienzo, 202 x 135 cm
Núm. de inventario: 1127
Por todo ello no debe extrañarnos que fuera la Orden del Císter protagonista en la fundación de la Orden de Calatrava, una de las órdenes militares más importantes de la España Medieval. El arzobispo toledano Rodrigo Jiménez de Rada nos cuenta la legendaria historia de su fundación. Por lo visto el estratégico lugar de Calatrava, punto esencial de la corona castellana en la defensa de la ciudad de Toledo, ubicada en las estribaciones de Sierra Morena y, sin duda, llave imprescindible en el futuro avance sobre la cuenca del Guadalquivir, se hallaba en manos de la orden militar del Temple, cuyos freires se sintieron incapaces de defender. Ante semejante situación de peligro, Raimundo de Fitero, abad del monasterio de dicha localidad, hoy Navarra, acompañado por uno de sus monjes, Diego Velázquez, consiguieron del monarca Sancho III la cesión de la plaza de Calatrava, para defenderla de los ataques almohades, a lo que accedió el monarca en 1158, con la ayuda del arzobispo de Toledo, Juan. Seguramente, tal como ha estudiado el máximo especialista en el tema de las órdenes militares hispanas, Carlos de Ayala, Sancho III en el fondo lo que propició fue la sustitución pactada de la Orden del Temple, por otra de carácter territorial y nacional, más efectiva para los intereses de la monarquía castellana.
En este cuadro de Rizzi contemplamos a un caballero anónimo de la Orden de Calatrava, al que distinguimos gracias a la concha que lleva colgada sobre su pecho. Se ha considerado que pudiera ser don Luis Méndez de Haro, VI marqués del Carpio. Se trata de un magnífico retrato de Rizzi, donde se hace eco del arte de los magníficos retratistas flamencos del siglo xvii, entre los que sin duda descollaba Van Dyck.
Como es lógico suponer, en la España moderna las órdenes militares eran corporaciones honoríficas completamente secularizadas que ya habían perdido su carácter militar. Pertenecer a ellas no era más que un signo distintivo adicional del rango del personaje, al que la Corona solía recompensar por sus servicios, haciéndole miembro de alguna de dichas órdenes, entre las que destacaba sobremanera la Orden de Santiago.