ARTE / Claroscuro
Por Susana Calvo Capilla
Hasta su caída en manos de los turcos en 1453, de Constantinopla y otros lugares del Imperio Bizantino llegaron a Europa numerosos iconos, objetos litúrgicos de orfebrería, marfiles, tejidos o manuscritos iluminados. Muchas obras formaron parte del botín de las Cruzadas y de su saqueo de Constantinopla en 1204; otras llegaron de la mano de órdenes religiosas, que realizaban labores misioneras en Tierra Santa; y otras fueron adquiridas por devotos peregrinos occidentales que visitaron los santuarios orientales, ortodoxos y católicos.
La influencia de estas obras en Occidente se manifestó de forma clara en la difusión de nuevos temas iconográficos, como ya hemos visto. Un ejemplo más de ello es el Cristo Varón de Dolores o de Piedad, llamado en Bizancio La última humillación (Akra Tapeinosis). Se muestra a Cristo muerto pero erguido, exhibiendo sus llagas (ostentatio vulnerum), con la cabeza ladeada y las manos cruzadas ante el vientre. Era ésta una imagen conmovedora muy apreciada por las órdenes mendicantes establecidas en Oriente, como los franciscanos, quienes al igual que los bizantinos creían en el poder de las imágenes para acceder a Cristo.
Este tema se desarrolló en Bizancio en el siglo xii, en respuesta a los cambios introducidos en la liturgia de Semana Santa. En Occidente, aunque la Imago Pietatis era conocida desde antes, en el siglo xv alcanzó una gran popularidad, seguramente gracias a un icono con este tema donado a la iglesia de Santa Cruz de Jerusalén en Roma, donde aún se conserva. Su historia es la siguiente.
En torno a 1380, un noble militar italiano, Raimondello Orsini de Balzo, Conde de Lecce, hizo una peregrinación al monasterio de Santa Catalina de Sinai (Egipto), uno de los talleres de iconos más importante de todo Bizancio. De este cenobio, fundado en el siglo vi por Justiniano y su esposa, el conde se llevó a Italia un icono realizado en mosaico con la imagen de «La última humillación» y una reliquia de Santa Catalina (concretamente un dedo, según él mismo deja por escrito). En 1385-1386, Raimondello donó el icono, con el marco de plata que le había añadido, a la citada iglesia romana y allí se convirtió en objeto de gran devoción e incluso de peregrinación, como sucedía con ellos en Bizancio.
Diego de la Cruz (m. ca. 1500), pintor de la escuela burgalesa de finales del siglo xv, visitó en numerosas ocasiones el tema de la Imago Pietatis, muy frecuente en la pintura española y flamenca del momento. En la tabla del Museo del Prado, la única firmada que se conoce de él, aparece Cristo ante el sepulcro, flanqueado por la Virgen y San Juan. Presenta los rasgos más personales de su estilo, en el que une a los elementos hispanoflamencos otros plenamente hispanos, como el descarnado realismo de las figuras y el profundo dolor de sus expresiones. En otras ocasiones, Diego de la Cruz presenta a Cristo entre dos ángeles o solo con una capa roja sobre los hombros.