Lengua / Etimologías
Por Karim Taylhardat
Puede escucharse en México, o más al sur, llegando a Lima, la expresión ¡Es más malo que Calleja!, o ¡Sépase quién es Calleja! Podría sorprender en España si se llega a pensar que se hace referencia al editor Saturnino Calleja y Fernández (1855-1915) o a su sucesor Rafael Calleja, aquellos que impulsaron exquisitas ediciones «aunque populares y rayanas en lo misérrimo» y colecciones (Almacén de Cuentos; Cuentos de Calleja en Colores; Sucesos Extraordinarios). Pero la realidad retrotrae a la época del general español Félix María Calleja, virrey de Nueva España, que para afrontar una ofensa, y sobre su caballo y al frente de sus tropas, anunció: ¡Ahora van a saber esos quién es Calleja! Después enterraría vivos a cientos de los sublevados en una pampa aislada, dejando asomar sus cabezas, mientras que los degollaba en sus idas y venidas, y a cuchilladas. ¡Sépase quién es Calleja!, diría. Y después se tragó un cangilón de horchata con nieve.
Pero ocurre que la crónica popular continúa con Calleja, aunque con otro capitán, Martín Calleja, del batallón Talavera, allá, en el 1814. Tropezaría éste, y a caballo, y al doblar un callejón, con un negro montado en un burro, y sólo le quedó a Calleja desenvainar la espada y atravesar primero al burro y después a su jinete, asegurando después que muy poco le importaba la suerte del animal y la del pobre esclavo: ¡Eres más malo que Calleja!, se exclama, hoy y todavía, como recuerdo de silueta de la guerra y de la muerte, ante un exceso de bellaquería.
Además de diminutivo de calle, es, como germanismo, toda huida del poder de la justicia. ¡Sépase, o ya se verá, o ya verán quién es Calleja!, textual de lo retomado por la Enciclopedia Espasa como expresión familiar con que alguno se jacta de su poder y autoridad, y también como ironía con aplicación a otra persona. Callejo, vocablo cántabro, no escapa al tono mismo de lo anteriormente descrito: hoyo que se construye para que, en las batidas, caigan en él las fieras y otros animales. Y como callejoleros anuncian en Cádiz a los valentones, o guapos, porque frecuentan calles aledañas o sospechosas a las afueras de una población. Crónica popular, pues; en definitiva, leyenda. O, según el refrán mexicano, ¡A palabras locas, razones cortas!