ARTE / Claroscuro
Por Carmen Rallo
A partir del Renacimiento, la copia de modelos del natural es propuesta como la mejor vía de hacer pintura. A este respecto, Francisco Pacheco, en su Arte de la Pintura (página 259) dice:
...convendrá... caminar en seguimiento de tales guías, que las invenciones de las figuras o historias se ajusten y perfeccionen con la imitación de las cosas mejores de la naturaleza. Porque este exemplar no se ha de perder de vista jamás. Y este es el lugar donde prometimos hablar deste punto. Y toda la fuerza de estudios no echa fuera este original (como lo dice nuestra definición) porque con los precetos y la buena y hermosa manera viene bien el juicio y elección de las bellísimas obras de Dios y de la naturaleza.
¿Qué mejor ejemplo de esa copia de la Naturaleza en busca de las «bellísimas obras de Dios», que el bodegón compuesto por el pintor de las órdenes monásticas, por Zurbarán?
Frente a los complicados bodegones flamencos de la época, llenos de cacharros de bronce, cristal, piezas de caza muertas, objetos con cierta carga simbólica como relojes, joyas, miniaturas, libros..., contrasta esta obra por su simplicidad y perfecto equilibrio. Dentro de la sencillez de su composición, consigue la glorificación de los enseres más humildes, de proporciones y colores perfectos. Las distintas calidades de las piezas, todas perfectamente definidas, el metal, en la copa y plato situados en primer lugar, distintas cerámicas con vidriados, o de ásperos barros, son, en realidad, el tema de este cuadro.
Esa exaltación de la copia de la naturaleza en las artes, también es tema de la poesía del pintor Pablo de Céspedes, en su «Discurso de la comparación de la antigua y moderna pintura», Realismo e Idealismo:
Busca en lo natural, y (si supieres
Buscarlo), hallarás quanto buscares:
No te canses de mirarlo, y lo que vieres
Conserva en los diseños que sacares.
En la honrosa ocasión y menesteres
Te alegrará el provecho que hallares;
Y con vivos colores resucita
El vivo que el pincel, é ingenio imita.
No me atrevo a decir, ni me prometo
Todas las bellas partes requeridas
Hallarse de contino en un sugeto,
Todas veces sin falta recogidas;
Aunque las cria sin ningún defeto
(a todas en bellezas preferidas)
Naturaleza: tú entresaca el modo
Y de partes perfectas haz un todo.
Sin embargo, si la copia de cada objeto se hace directamente del natural, aún no se ha resuelto la fiel representación de la luz-ambiente, problema que será abordado por Velázquez. En esta obra el fondo es oscuro, siguiendo los cánones tenebristas, una fuerte luz está potenciada sobre cada uno de los objetos para realzar sus contrastes y volúmenes, sin proponerse una ambientación general.
Aún sin contar con documentación escrita, esta obra se atribuye a Zurbarán sin ningún género de dudas, ya que varios de los objetos aquí representados aparecen en otros cuadros del mismo pintor, como la jarra blanca de porcelana (alcarraza), visible en el primer plano de la Anunciación de la colección March, de Mallorca; o los platos de metal, objetos predilectos y muchas veces pintados por el pintor citado.
Fue regalo de don Francisco Cambó al Museo del Prado en 1940; existe un cuadro semejante, de la misma procedencia, en el Museo de Arte de Cataluña, en Barcelona.