Centro Virtual Cervantes
Rinconete > Cine y televisión
Lunes, 4 de noviembre de 2002

Rinconete

Buscar en Rinconete

Cine y televisión

Recuerdos del IMAGFIC

Por José Ignacio Pernas

Debo reconocer que, pese a no ser un entusiasta del género fantástico ni estar enganchado al cine de terror, hubo un tiempo en que consumí un número notable de títulos ligados, de un modo u otro, a estos temas. Y buena parte de culpa la tuvo el Festival de Cine Imaginario y de Ciencia-Ficción de Madrid (IMAGFIC). Creo que descubrí este certamen allá por 1990 y asistí a sus últimas cuatro ediciones. Lamenté profundamente su desaparición y aún hoy me pregunto si no sería posible recuperar un festival tan atractivo, en un tiempo en que este tipo de cine goza de tan buena salud.

Haciendo un poco de historia, la primera edición del IMAGFIC data de 1980. Su fundador fue Jorge Lluesma, y en sus inicios, el festival se centró con todo rigor en traer a nuestras pantallas tan solo aquellas películas relacionadas directamente con los géneros fantásticos. Más adelante, al igual que ocurre en la mayoría de los festivales (sirva como ejemplo Sitges, mucho más señero, que hace poco se ha reconvertido para ampliar su programación), abrió sus puertas a otros ciclos paralelos que difundían la obra de importantes creadores. En 1993, tras catorce ediciones, el festival se clausuró por problemas económicos (si no me falla la memoria). Y me consta que muchas personas sintieron su desaparición.

Entre mis recuerdos más gratos de aquellas sesiones se agolpan las imágenes más diversas. Desearía compartir algunas que disfruté especialmente. Asistí al estreno de la primera entrega de Chucky —el muñeco diabólico— junto a su director, Tom Holland. Era un caballero de mediana edad, vestido con traje, con aspecto de no haber roto un plato en su vida. Abandonó la sala a los pocos minutos y nos dejó a solas con su terrorífica creación, hoy ridiculizada por la publicidad. También estuve tomando café con Lloyd Kauffman, uno de los creadores de la productora Troma. Llevaba un calcetín de cada color. Y gracias al festival conocí al gran Peter Jackson y ese monumento al musical gore que es Meet the Febles. No sólo tengo buenos recuerdos: la última edición premió la adaptación que David Cronenberg realizó de la novela El almuerzo desnudo de William Burroughs. Y me la perdí.

Pero al menos el festival me ofreció la posibilidad de ver esa y otras películas que nunca hubieran conocido su estreno en salas comerciales. Ahí radica el valor de los festivales: dar a conocer al gran público la obra de autores marginales (o marginados), el cine de otras latitudes, un punto de vista diferente. Y esto creo que es válido para cualquier género. Por eso, desde esta tribuna virtual, reclamo la necesaria recuperación de este festival (o de cualquier otro) para Madrid. Público no le iba a faltar.

Centro Virtual Cervantes © Instituto Cervantes, . Reservados todos los derechos. cvc@cervantes.es