Concurso
Damos la enhorabuena por el premio a Lourdes Pereira quien responde que los ascetas permanecen en la fase purgativa.
La ganadora es Esther Gago García, que nos envía la siguiente respuesta:
«Lubina: Quiero probar la lubina. No voy a pedir un entrecot al punto. No comeré una ración de gambas a la plancha. Entrecot: ¿Quiero probar la lubina? No. Voy a pedir un entrecot al punto. No comeré una ración de gambas a la plancha. Ración de gambas: ¿Quiero probar la lubina? No. ¿Voy a pedir un entrecot al punto? No. Comeré una ración de gambas a la plancha».
Felicitamos por su amplia y bien documentada respuesta a Carlos Rolando Pittella España:
«Como bien quedó dicho en la explicación ofrecida que sirve como introducción al concurso de hoy, lapsus es, como nos dice el DRAE, una falta o equivocación cometida por descuido y, teniendo esto en cuenta, en la primera frase no se puede hacer un lapsus en la conversación, porque sería cometer un error en la misma. En todo caso debería escribirse hacemos una pausa, ya que eso es un lapso, un paso o transcurso. También es un tiempo entre dos límites. En la segunda frase no existe un lapsus de tiempo, ya que el lapso es un espacio de tiempo, es decir, un sinónimo de tiempo. Lo correcto era escribir que sólo pude saludarle en el lapsus (más correcto es lapso) que dura un semáforo en rojo. Si el lapsus cálami es el error cometido con el correr de la pluma , el que se comete al hablar se llama lapsus linguae, expresión latina que se usa en castellano con su propia significación de tropiezo o error de lengua... vamos, eso según el DRAE que, tengo entendido, es la Biblia de los que escribimos en lengua española».
Santiago Gascón Santos ha acertado al indicarnos que se trata de un texto judeoespañol, ladino o sefardí.
Francisco Javier Jiménez Jiménez ha acertado en este concurso al aclarar la ambigüedad sintáctica del ejemplo con una respuesta bien documentada.
«En la primera oración, la proposición de relativo que valía varios millones puede tener como antecedente del pronombre relativo que (núcleo) tanto un cuadro... como a colección, de donde procede la ambigüedad. Pero, en la segunda oración, la ambigüedad desaparece porque el antecedente de que (que es el sujeto de valía) sólo puede ser la colección, ya que la concordancia de número con el verbo valía es en singular (tres cuadros más..., evidentemente, exigiría verbo en plural, valían)».