ARTE / Claroscuro
Por Susana Calvo Capilla
Rembrandt van Rijn nació en Leyden, en 1606, y murió arruinado y casi solo en Amsterdam, en 1669. Este cuadro es el único del genial pintor holandés en el Museo del Prado, firmado y fechado en 1634. Fue adquirido por Carlos III en la venta de los bienes del Marqués de la Ensenada en 1769. Hay dudas sobre el tema representado, como en muchas otras obras de Rembrandt. Suele identificarse como Artemisa, la reina de Caria, del siglo IV a.C., que estaba casada con su hermano Mausolo. A la muerte de éste, Artemisa bebió sus cenizas (momento que recogió el pintor) y después le construyó un monumento funerario en Halicarnaso, considerado en la Antigüedad una de las siete maravillas del mundo. Tal fue su fama que dio nombre a todos los monumentos funerarios, los mausoleos. También se ha planteado la hipótesis de que fuera Sofonisba, la hija de Asdrúbal, el general cartaginés. Esta mujer es recordada por su belleza y su coraje, ya que prefirió beber una copa de veneno antes que caer viva en manos de Escipión el romano.
En los meses finales del año 2001 se celebra en Edimburgo y Londres una exposición que recoge un gran número de cuadros, dibujos y grabados de Rembrandt donde las mujeres son protagonistas. Hasta allí ha viajado esta Artemisa para formar parte de la singular galería de retratos femeninos. Los organizadores de la misma quieren poner de relieve la originalidad revolucionaria de Rembrandt en la representación de las mujeres. Aunque la mayoría se inscriben en un tema bíblico o mítico, las escenas emanan calidez y cercanía emocional al pintor. No en vano las modelos fueron las mujeres de su ámbito familiar, primero su esposa Saskia (cuyo rostro vemos en este cuadro) y, después de su temprana muerte, sus dos amantes (oficialmente «amas de llaves») Geertge y Hendrickje. Los personajes femeninos aparecen reflejados a menudo en posturas y gestos cotidianos, en espacios domésticos e íntimos como el baño, levantándose de la cama o bajando una escalera. Se conservan numerosos dibujos donde recogía esos momentos entrañables. Por otra parte, Rembrandt no seguía el canon ideal de belleza femenina vigente por aquellos tiempos; sus mujeres son de «carne y hueso», de un realismo táctil y carnal. Figuras desnudas como las de Susana y los viejos o Betsabé con la carta del rey David, están pintadas con una gran carga de humanidad, de inmediatez y de sensualidad, como si Rembrandt las hubiera pintado para sí mismo.
Otro elemento singular de los personajes de Rembrandt son los atuendos. Se sabe que el pintor gastó una parte de la fortuna de su mujer, Saskia, en objetos exóticos, armas y ropajes orientales, instrumentos de música, antigüedades, esculturas y grabados. Rembrandt usaba después esos raros objetos para ambientar sus cuadros y darles una atmósfera singular (por ejemplo, la extraña copa ofrecida a Artemisa).