Literatura
El defecto radical de Campoamor es su anacronismo. Se equivocó de dos mil quinientos años.
El gusto moderno no puede tolerar a un poeta gnómico. Curioso: cuando la humanidad entra en la que Comte llamó época positiva, es cuando más exigente se muestra en materia de desinterés teórico del arte. Cronológicamente venían a coincidir la ciencia por la industria y el arte por el arte.
Campoamor plugo a aquellos días que se gozaban en Julio Verne. Sucedió después una generación que aprendió a leer a Julio Verne, saltando las descripciones científicas, y a Campoamor, saltando la lección de filosofía moral.
Como si prescindimos de estos elementos, poca cosa, realmente, puede quedarnos, pronto apareció otra generación, una promoción tercera, que dejó de leer al uno y al otro, en absoluto.
12-IX-1918
Eugenio dOrs, El valle de Josafat, página 159. Edición de Ángel dOrs y Alicia García-Navarro. Madrid: Espasa-Calpe, 1998.