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Martes, 7 de noviembre de 2000

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ARTE / Claroscuro

La Paz de las Damas

Por Marta Poza Yagüe

Aunque en la mayoría de los casos los tópicos no sean ciertos, sí podemos decir que el elegido para el encabezado se adapta por lo menos a una realidad histórica.

La rivalidad entre Carlos V y Francisco I de Francia por erigirse en el monarca más poderoso de la Cristiandad desencadenó en 1521 un conflicto bélico que se prolongará durante cerca de una década, y cuyo objetivo fundamental será el dominio de los territorios italianos. Actitud inestable del Papado que se aliaba con uno u otro bando según conviniera a sus intereses, ruptura de pactos y tratados e incluso la detención del rey francés que vivió la humillación de ser encarcelado en Madrid, son el panorama referencial de una guerra que en 1529 había arruinado las arcas de ambos estados y que, por encima de todo, venía a dar al traste con el proyecto de pax christiana que tanto anhelaba Carlos.

Por tanto, y viéndose incapaces de resolver la situación en el campo de batalla (toda vez que la balanza parecía inclinarse definitivamente del lado español), se decide recurrir a la vía diplomática enviando como delegadas a dos mujeres, de gran sagacidad e ingenio, unidas además entre sí por lazos familiares.

Con este fin, el 5 de julio de este año se reunieron en la localidad de Cambrai, Margarita de Austria, viuda de Saboya y tía del Emperador, y Luisa de Saboya, madre de Francisco I, circunstancia por la cual este acuerdo fue conocido como la Paz de las Damas. Como cláusula principal, la renuncia de Francia a todo posible derecho sobre los estados italianos confirmaba la victoria definitiva de las tropas imperiales.

El cuadro de Francisco Jover recoge el momento mismo de la firma del documento, tratado prácticamente de modo anecdótico, sin alusiones históricas concretas, hasta el punto de que un crítico de la época dijo de él que bien pudiera ser el ajuste de cuentas domésticas entre dos burguesas flamencas. Destaca el preciosismo por reproducir ropajes y objetos, así como el profundo estudio de la fisonomía de las protagonistas.

Tras presentarse en la Exposición Nacional de 1871, la obra fue adquirida por el Estado con destino al Museo del Prado. Con posterioridad, una Real Orden de julio de 1888 determinó su depósito en la Sociedad Económica de Amigos del País de Santiago de Compostela, de donde pasó a la Universidad de dicha ciudad.

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