ARTE / Claroscuro
Uno de los más importantes cuadros de Rubens, ya de sus últimos años, acaba de ser presentado en público tras una cuidadosa restauración, llevada a cabo bajo la dirección de los expertos del Museo del Prado de Madrid.
Las Tres Gracias es una obra que permaneció siempre en la colección personal de su autor, y fue subastada junto con otras de sus propiedades a la muerte del pintor, ocasión en la que fue comprada por un representante de Felipe IV.
Las Gracias eran tres de las hijas secretas de Zeus, a las que se consideraba en la mitología como diosas de la alegría y los festejos, al servicio de Afrodita, diosa del amor. Rubens retrató en la figura de la izquierda a su segunda esposa, una joven con la que se había casado teniendo ella dieciséis años y estando él cercano a los sesenta. Las formas opulentas de Elena Fourment le sirvieron en muchas ocasiones como modelo para sus figuras femeninas. Dice, además, la leyenda que para pintar la figura de la derecha Rubens se inspiró en su primera mujer, y que la del centro representa a un ser imaginario que resume las mejores cualidades de sus dos esposas.
«La restauración de Las Tres Gracias ha devuelto a esta obra maestra el equilibrio necesario para su conservación actual y futura», afirma Fernando Checa, director del Museo del Prado, y añade que «su visión constituye un placer para los sentidos, ya que su buen estado de conservación permite observar la calidad técnica y estética de la pintura».
Por otra parte, con esta restauración y presentación pública, el Prado hace, en cierta medida, justicia a una obra que no había sido siempre bien tratada: llegó a permanecer guardada durante buena parte del siglo xviii en una galería secreta de la Academia de Bellas Artes de Madrid, junto con otros cuadros de desnudos, considerados pecaminosos por Carlos III.
Del resultado final del cuidadoso trabajo de restauración lo dicen todo las palabras de Francisco Calvo Serraller en su artículo «Mirar un cuadro en el Museo del Prado»: «En el caso de Las Tres Gracias, estoy bajo los efectos del deslumbramiento que me ha producido su limpieza y nueva instalación, en la que se fortalece el contraste entre el fondo granate y las figuras desnudas, entre el rojo y el nácar. Palpitan estos desnudos rubensianos con suave temblor translúcido, empapándose el blanco de la calidad profundidad. Este incidente es capaz de renovar nuestra mirada...»
TRABAJOS DE RESTAURACIÓN:
La restauración del soporte ha sido una colaboración entre George Bisacca, del Departamento de Restauración de Pintura del Metropolitan Museum de Nueva York y José de la Fuente, del Departamento de Restauración del Museo del Prado.
La restauración de la pintura ha sido llevada a cabo por Rocío Dávila, del Departamento de Restauración del Museo del Prado.
El examen técnico de la pintura lo realizó Carmen Garrido en colaboración con el personal del Gabinete de Documentación Técnica del Museo del Prado (Departamento de Restauración).
El marco ha sido hecho por Timothy Newberry de Londres.