ARTE / Claroscuro
Por Francisco de Asís García García
San Eloy contó con una especial devoción en los siglos medievales, especialmente en los círculos gremiales como patrón de orfebres, plateros, joyeros y herreros. Este santo francés, cuya vida transcurrió fundamentalmente en el siglo vii, se formó en el taller de Abbon, un orfebre de Limoges. Establecido ya como oficial y relacionado con el tesorero del rey Clotario II, fue el artífice de una silla de oro y plata destinada al citado monarca merovingio. El rey, entusiasmado con el resultado de la obra, le hizo entrega de una gran cantidad de oro para la labra de un segundo sitial. San Eloy realizó con ella dos tronos y guardó uno de ellos para sí. Cuando poco después mostró al monarca la segunda silla, Clotario quedó fascinado al comprobar que cada una de ellas pesaba la misma cantidad que todo el oro entregado. El episodio granjeó al santo orfebre un gran reconocimiento y prestigio en la corte, donde actuó como consejero hasta ser encumbrado a la dignidad episcopal como obispo de Noyon. La tradición le atribuye la ejecución en oro y piedras preciosas de los relicarios de numerosos mártires de los inicios del cristianismo en Francia.
En el Cabinet des Médailles de la Bibliothèque Nationale de París se conserva una silla curul identificada legendariamente con la realizada por san Eloy. Conocida como «Trono de Dagoberto», en honor al sucesor de Clotario II, fue utilizada como sitial de la coronación de los reyes franceses. Diversos análisis han corroborado la naturaleza mixta del mueble, fruto de sucesivas reformas y añadidos. Si bien los datos no permiten aproximar la realidad de la pieza a la leyenda, resulta de interés comprobar cómo objetos de este tipo fueron con frecuencia blanco de elaboraciones históricas destinadas a dotar de prestigio y legitimidad a las propias obras y a aquéllos que las utilizaban, en este caso los reyes de Francia.
La autoría de la tabla del Prado, datada en torno a 1370, fue atribuida por la crítica española durante mucho tiempo a Taddeo Gaddi, uno de los pintores más destacados del ambiente florentino del Trecento tras la muerte de Giotto. Sin embargo, ya desde 1958 se comenzó a hablar de una personalidad artística diferenciada, el Maestro de la «Madonna de la Misericordia», un pintor activo en Florencia en la segunda mitad del siglo xiv en torno al cual los especialistas fueron agrupando diversas obras. La historiografía artística dotó paulatinamente a su figura de un perfil más consistente, conocedor de la obra de artistas como el citado Taddeo Gaddi, Giovanni da Milano, Bernardo Daddi o Niccolò di Pietro Gerini, con quien pudo colaborar en la realización de un tríptico. Las facciones de perfil cuadrado y de fino modelado de sus personajes, o los pliegues anchos y largos de sus indumentarias, serían algunas de las señas de identidad del maestro.
En la escena se ilustra el encargo del trono en presencia de los dignatarios de la corte y el pesaje del oro destinado a la confección del sitial. La estela de Giotto es perceptible en la entidad plástica conferida a las figuras y en soluciones como la del personaje vuelto de espaldas que introduce al espectador en la composición. Sin embargo, en lo que respecta a la sugerencia de tridimensionalidad y al uso escenográfico de la arquitectura —representativa de la tradición toscana de ornamentación marmórea de los paramentos—, el anónimo maestro se revela menos audaz que el afamado autor de los frescos de la Capilla Scrovegni. Por sus dimensiones y formato cabe suponer que la obra formó parte de la predela de un retablo. Del mismo conjunto provendrían San Eloy en el taller de orfebrería, conservada asimismo en el Prado, y una tercera tabla con el tema de los Funerales de San Eloy custodiada en una colección monegasca. La aquí comentada se incorporó a los fondos del museo del Prado en 1941 junto a su pareja.
Ambas escenas formaban parte del legado de Francisco Cambó, cuya donación dotó al museo de valiosas obras realizadas por pintores italianos del Trecento y del Quattrocento, enriqueciendo una sección apenas representada hasta entonces en sus fondos.