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Martes, 11 de mayo de 2010

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ARTE / Claroscuro

La ermita de San Isidro el día de la fiesta

Por Laura Rodríguez Peinado

Esta obra del pintor aragonés era el boceto de uno de los cartones para tapiz que iban a decorar el dormitorio de las infantas en el palacio de El Pardo, empresa que quedó interrumpida a la muerte del rey Carlos III, en diciembre de 1788, cuando los hasta entonces Príncipes de Asturias abandonaron el palacio; de ella se realizó únicamente el tapiz de La gallina ciega. De esta serie, dedicada a las diversiones al aire libre, también formaron parte los bocetos de La pradera de San Isidro y Merienda campestre, este último conservado en la londinense National Gallery.

La ermita de San Isidro, situada en la ribera del Manzanares, al otro lado de la población, se erigió en el mismo lugar donde, según la tradición, Isidro Labrador, un año de terrible sequía, había hecho brotar una fuente cuyo caudal sirvió no solo para regar los campos, sino para abastecer del líquido elemento a toda la villa de Madrid.

Isidro nació en 1082 y en su condición de labriego sirvió en la casa del señor Iván de Vargas. A lo largo de su vida realizó numerosos milagros —como glosa su biógrafo Juan Diácono— y en 1172 murió y fue enterrado en el atrio de la parroquia de San Andrés, de donde era feligrés. En 1212, por revelación divina, se descubrió su cuerpo incorrupto; se trasladó entonces desde su emplazamiento original al interior del templo y fue nombrado patrón de la villa. Entre sus milagros, uno de los más populares para el pueblo de Madrid fue el de la fuente que había hecho brotar al golpear una peña; junto al manantial, al poco de su muerte, se erigió una pequeña capilla, pues se atribuían cualidades milagrosas a sus aguas. En 1528, la emperatriz Isabel mandó edificar una ermita en este lugar, pues esas aguas habían curado de unas fiebres al futuro Felipe II. Ya desde 1575 se celebraba una romería que partía de la iglesia de San Andrés hasta la ermita, todos los 6 de mayo; pero desde 1619, año en que Isidro fue beatificado, la romería pasó a celebrarse el día 15 del mismo mes. Su canonización se produjo en 1622.

En 1725, la ermita fue reedificada y tomó el aspecto que presenta en el cuadro, por lo que Goya muestra una visión del Madrid moderno fruto de la nueva mentalidad ilustrada, a la vez que el populismo propio de una época en que costumbres como la romería en honor al santo habían adquirido gran auge, y se celebraban con una comida campestre, juegos y diversiones del pueblo allí congregado.

En este boceto Goya representa a la multitud en torno a la ermita, esperando para obtener el agua milagrosa de la fuente del santo, mientras dos guardias de Corps velan para que no se produzcan incidentes. En primer plano, unas damas conversan y un majo ofrece el agua salutífera a una joven. El marco es el de una sociedad ideal, donde todas las clases sociales conviven en perfecta armonía en la celebración de este acto religioso y a la vez festivo; Goya resuelve la composición en una sinfonía de grises azulados con destellos de color y de luz, plasmados con una técnica muy suelta con la que envuelve en una leve bruma a los personajes, lo que enfatiza el carácter anónimo con que el pintor a menudo retrata al pueblo, protagonista de sus historias.

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