Centro Virtual Cervantes

Rinconete > Arte
Martes, 12 de mayo de 2009

Rinconete

Arte / Claroscuro

Heródoto en Egipto: los sacerdotes

Por Susana Calvo Capilla

Heródoto, historiador jonio nacido en Halicarnaso hacia 526 a. C., salpicó su Historia de Grecia (y de las Guerras Médicas) con lógoi de algunos de los lugares que citaba en su obra.

Ilustración. Escultura egipcia (XXX dinastía, 380-342 a.C.): «Retrato de sacerdote egipcio» (detalle)

Escultura egipcia (XXX dinastía, 380-342 a. C.): Retrato de sacerdote egipcio (detalle)
Granito pulido, 20 cm de altura Núm. de inventario: E-77

El género de los lógoi, desarrollado en Jonia, consistía en narraciones donde se unían los elementos geográficos y etnográficos con las thomasía o ‘maravillas’, al modo de los relatos de viajeros. Heródoto, como gran parte de los jonios y los griegos, sentía pasión por los viajes y por dejar constancia de ellos. Su interés por viajar, sin embargo, no era meramente práctico, para desarrollar una actividad intelectual, militar o comercial, como era lo habitual entre sus compatriotas. Las razones de Heródoto eran de la mayor modernidad pues, como él mismo dice, visitó Egipto «para verlo». El historiador aprovechó el relato de la invasión de Egipto por el rey persa Cambises para insertar una detallada descripción de las tierras del Nilo: historia, tradiciones, curiosidades, datos sobre su botánica, su orografía, su agricultura y sus gentes. Heródoto, se muestra interesado, sobre todo, por la vida real y de su tiempo, aunque a veces incluye mitos y leyendas. Todo eso convierte su logos sobre Egipto (escrito después de 444 a. C.) en uno de los relatos más excitantes sobre aquel país.

Una de las fuentes de información de Heródoto en Egipto fueron los sacerdotes. Así los describe: «los sacerdotes se afeitan todo el cuerpo cada dos días, para que ningún piojo u otro bicho repugnante cualquiera se halle en sus cuerpos mientras sirven a los dioses. Asimismo, los sacerdotes sólo llevan un vestido de lino y sandalias de papiro, pues no les está permitido ponerse otro tipo de vestido o de calzado. Se lavaban con agua fría dos veces cada día y otras dos cada noche» [de ahí que en los jeroglíficos el signo para sacerdote sea un hombre lavándose]. Pero no sólo observaban innumerables obligaciones, dice Heródoto, también tenían muchos privilegios: «no consumen ni gastan nada de su propio peculio, ya que para ellos se cuecen expresamente panes sagrados, cada uno cuenta diariamente con una abundante ración de carne de buey y de ganso y, además, se les da vino de uva; sin embargo, no les está permitido comer pescado… ni habas, pues consideran que es una legumbre impura». Añade que la dignidad del sacerdocio era hereditaria. La cabeza de sacerdote conservada en el Museo del Prado, de procedencia desconocida, se fecha entre 380 y 342 a. C., en época de la XXX dinastía. El personaje tiene un cráneo rasurado y con un abultamiento en la parte posterior, es mofletudo y de ojillos pequeños y rasgados, fórmulas prototípicas para representar a los sacerdotes. Otros rasgos más naturalistas permiten sospechar que se trataba de un retrato.

Ver todos los artículos de Claroscuro

Centro Virtual Cervantes © Instituto Cervantes, . Reservados todos los derechos. cvc@cervantes.es