Música y escena
Por Ricardo Bellés
La Tercera Sinfonía, op.34, In Memoriam, del compositor chileno Domingo Santa Cruz, está compuesta a partir del poema «Tribulación» de Gabriela Mistral. Esta sinfonía para orquesta y contralto solista está dividida en dos tiempos: el primero, Lento, movido y apasionado; el segundo, Muy Lento; fue dedicada por su autor a la memoria de su esposa, Filomena Salas, quien entregó gran parte de sus energías al desarrollo musical de Chile.
El ambiente doloroso que domina a lo largo de la obra se expresa en la siguiente cita de las «Lamentaciones», de Jeremías, que Domingo Santa Cruz escribió en la partitura: «Mis caminos trastornó y me destrozó y me puso en la desolación».
La obra fue estrenada en el III Festival Interamericano de Música de Washington en el año 1965. El primer tiempo de esta sinfonía de Santa Cruz se inicia con una introducción lenta; las trompas, primero, los fagotes, después, y luego los oboes, a los que se agrega la cuerda en seguida, entregan el material temático que servirá a todo el tiempo, caracterizado aquel por ciertos saltos interválicos y por su cromatismo. La introducción es seguida por un tiempo movido y apasionado, que se ciñe en lo fundamental a la forma de sonata. De inmediato se presenta el primer complejo temático, fuertemente expresivo, en la cuerda y la madera. En la segunda idea dominan las cuartinas, con contraste en espíritu, si bien, tanto esta como la primera encuentran su génesis en la introducción del tiempo. Después de un largo acorde pianísimo en toda la orquesta y una breve respiración, irrumpe una lúgubre marcha fúnebre. Se vuelve luego a la velocidad primitiva, la que se mantiene con algunos pequeños cambios agógicos, hasta el fin de este trozo lleno de angustia y desasosiego.
El segundo tiempo, «Tribulación», toma su nombre del poema homónimo del libro Desolación, de Gabriela Mistral, y es comentado por la orquesta, a cuya forma musical se adapta. Curiosas circunstancias rodearon la elección de este poema por el compositor. Cuando buscaba un texto apropiado a la idea que tenía, tomó el libro de Gabriela Mistral y encontró en él una carta dirigida por la poetisa a Filomena Salas, marcando el poema «Tribulación». Buscó otros y no encontró ninguno que se adaptara tan precisamente a lo que quería.
Y así comienza este poema:
En esta hora, amarga como un sorbo de mares,
Tú sostenme, Señor.
¡Todo me ha llenado de sombras el camino
Y el grito de pavor!