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Martes, 20 de mayo de 2008

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Arte / Claroscuro

Reclusión en la Academia de BB.AA.
de San Fernando

Por Susana Calvo Capilla

Al igual que su padre, Carlos IV cedió al puritanismo religioso y mantuvo enclaustrados en la Sala Reservada de la Academia de Bellas Artes de San Fernando los desnudos «no aptos» para ser mostrados al público.

Ilustración. Francesco Furini (1600-1646): «Lot y sus hijas» (detalle)

Francesco Furini (1600-1646): Lot y sus hijas (detalle)
Lienzo, 123 x 120 cm Núm. de inventario: 144

No fue él, sin embargo, quien ordenó quemarlos, aunque durante mucho tiempo se le atribuyó el suceso al confundirle con Carlos III. La Sala Reservada, si bien en teoría se creó con fines educativos, era sobre todo un espacio de censura. Se conocía su existencia pero su acceso estaba restringido a los pintores y sus discípulos, que realizaban copias de ellos con fines académicos, o a los invitados del rey. Los cuadros procedían fundamentalmente de la Casa del Rebeque y del Palacio del Buen Retiro, donde los guardó Carlos III. A. Rafael Mengs y, tras su marcha a Roma en 1779, Francisco Bayeu, primer pintor del rey y posterior director de la Academia, se habían encargado de su custodia. En 1792 llegaron los primeros cuadros a la sala de la Academia: El Tocador de Venus de Albani, Adán y Eva de Durero, La Fortunade Rubens o este cuadro de Francesco Furini, Lot y sus hijas. En 1796 se envió la segunda remesa, obras si cabe más indecentes que las primeras y también de una mayor calidad; entre ellas figuraban la famosa Venus dormida de Tiziano (hoy desaparecida) y lienzos de los Carracci, Guido Reni o Rubens. Como se ve, en estas salas convivían sin prejuicios personajes bíblicos y diosas paganas en su papel de víctimas de la injusticia o del despotismo divino y de seductoras libres de conveniencias.

El lienzo de Furini (Florencia 1600-1646) no sólo muestra dos de los desnudos más voluptuosos de toda la colección del Prado, sino que, además, ilustra una de las historias más escabrosas de la Biblia. Es probable que aquellas fueran asimismo las razones por las que el duque de Toscana envió el cuadro como regalo nupcial a Felipe IV cuando se casó con Mariana de Austria en 1649. En su composición, Furini sugiere con cierta morbosidad la relación incestuosa mantenida por las dos jóvenes con su anciano padre: desnudas y envueltas en una vaporosa atmósfera le dan de beber. No es menos equívoco el relato del Génesis: después de que Yavé le salvara de la destrucción de Sodoma, Lot se instaló en una cueva con sus dos bellas y jóvenes hijas. Éstas, dado su aislamiento, decidieron concebir hijos de su padre. «... dijo la mayor a la pequeña: “Ayer me acosté yo con mi padre. Embriaguémosle también esta noche, y te acuestas tú con él, para ver si tenemos descendencia de nuestro padre”... Y concibieron las dos hijas de Lot. La mayor dio a luz un hijo, a quien llamó Moab; es el padre de los Moabitas hasta hoy. También la menor parió un hijo, a quien llamó Ben Ammí: es el padre de los Bene-Ammón hasta hoy» (Génesis, 19: 30-38). No es extraño que se hallara en la Sala Reservada de la Academia aunque, paradójicamente, fue indultado en el Museo del Prado, donde pasó a exponerse en la parte pública.

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