Arte / Claroscuro
Por Juan Carlos Ruiz Souza
Desde la más remota antigüedad fue habitual la creación de galerías de retratos. Los hombres desde el inicio de la civilización compilaron imágenes de sus divinidades en sus santuarios.

Sofonisba Anguissola (1532-1625), copia por Juan Pantoja de la Cruz (1553-1608): La reina Isabel de Valois, tercera esposa de Felipe II (detalle)
Lienzo, 119 x 84 cm
Núm. de inventario: 1030
Los romanos los reunían en el lararium de la casa e incluso hacían mascarillas mortuorias de sus antepasados para que no se perdiera su memoria. En la Edad Media los monarcas se afanaron por mostrar la representación de sus antecesores, responsables de gestas y hechos heroicos que justificaban a la postre la creación de la identidad nacional y de su propia legitimidad, al igual que la Iglesia realizaba sus galerías de santos. En España hemos conservado, aunque muy restaurada tras su incendio en el siglo xix, la Sala de los Reyes del Alcázar de Segovia cuyos orígenes podrían fijarse en el siglo xiii. En ella se disponen las esculturas de los monarcas de forma sedente desde la Alta Edad Media junto a los héroes más señalados, como es el Cid. Otras se crearon en otros palacios reales como en el Alcázar de Sevilla, donde se disponen los monarcas, en este caso pintados, bajo la cúpula del Salón de Embajadores. A la par se confeccionaron galerías de santos y personajes bíblicos, como la que recorre el arrocabe de la armadura de la iglesia de Santa Clara de Tordesillas o las que se despliegan en tantos y tantos retablos. Evidentemente hubo muchas más, e incluso la alta nobleza copió el modelo y no dudó en realizar sus propias galerías, tal como hicieron por ejemplo los Mendoza en la Sala de Linajes del palacio del Infantado de Guadalajara a finales del siglo xv.
Existieron igualmente en el ámbito funerario-religioso. En la Capilla Real de Sevilla estaban representados de forma sedente Fernando III y Alfonso X junto a sus esposas, sobre sus propias sepulturas. En la Capilla Real de Córdoba igualmente se realizaron los retratos de los monarcas rodeando la fundación funeraria de Enrique II para enterrar a su padre y abuelo, Alfonso XI y Fernando IV, respectivamente.
La tradición continuó en la Edad Moderna y así vemos interesantes galerías tanto en el siglo xvi como en el xvii, en los palacios más importantes. En el Palacio del Pardo hubo una gran galería de retratos, en cuya creación intervino activamente Felipe II, tristemente desaparecida en su totalidad en el incendio de 1604. Hemos conservado esta copia del original de Sofonisba Anguissola, que fue realizado para la segunda galería que se creó a principios del siglo xvii.
El tema de la Galería de Retratos se fue sofisticando, especialmente en el siglo xvii. Ya no sólo interesaba el recuerdo de los familiares, sino cantar las virtudes del príncipe promotor. Así debemos ver el gran Salón de Reinos del Palacio del Buen Retiro de Madrid, creado en la década de los treinta. En dicha galería, además de representarse a los monarcas, Felipe III, Felipe IV y al heredero Baltasar Carlos, se mostraban las batallas en las que las tropas del soberano consiguieron sonadas victorias. No faltaron galerías coetáneas desenfadadas, originales y sumamente interesantes, como la deliciosa galería de bufones confeccionada por Diego Velázquez en el propio palacio del Buen Retiro, o la que el mismo artista diseñó para la Torre de la Parada del Pardo, donde se mostraba al monarca y su familia en un marco cotidiano, como es el de su participación en el deporte de la caza.