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Lunes, 5 de mayo de 2008

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Música y escena

Icaro, canto chamánico

Por Ricardo Bellés

Se dice que Dios creó el mundo a partir del sonido y como el sonido y la música fueron dados a los hombres por los dioses, será siempre la música, en sus sonidos, donde el hombre encontrará su yo profundo. En la selva del Perú, los curanderos o chamanes utilizan el canto o melodía denominado «icaro», que es parte fundamental del quehacer curanderil de la Amazonia. La melodía del «icaro» es captada por los chamanes a través de sueños, visiones y estados de conciencia inducidos por brebajes de «plantas maestras». La melodía que cantan es la forma de invocar la presencia de la «madre» de la planta: «Madre Ayahuasca», esta madre es equivalente al alma o espíritu del ser humano. Los «icaros» que utilizan los curanderos tienen una letra muy simple, y aluden a elementos del paisaje local a los que se atribuye poder o simbolismo. En nuestros días en muchos «icaros» se encuentran alusiones bíblicas que evidencian el sincretismo cultural en el que se funden creencias del cristianismo y de las antiguas culturas americanas. La mayor parte de los «icaros» está escrita en castellano, quechua y otros dialectos, según la procedencia de los maestros más antiguos, aunque algunos son sólo melodías monocordes y muy repetitivas. Un ejemplo de esas letras es este texto:

Soy la energía en ti dormida,
despiértame ya.
Quiero ascender,
reptar de una vez,
cruzar el cero ya,
cerrar el círculo aquel,
donde la flor duerme en la cruz…
Cuando el azul llegue a tu cara
y la luna a tu cabeza,
a su encuentro yo iré,
serpiente roja, desde la base,
a fundirme con el sol…
Y mi voz te guiará a través del agua
con el color del amor…

La gente dice que el alma, al escuchar esta canción, entró al cuerpo; pero en realidad el alma misma es la canción.

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