ARTE / Claroscuro
Por Marta Poza Yagüe
Hablando en términos musicales, por Fantasía se entiende aquella «composición instrumental de forma libre o formada sobre motivos de una ópera». Una pieza de estas características, inspirada en la ópera Faust de Gounod, es la que debe de estar interpretando al piano el personaje central de este lienzo, según se desprende de la dedicatoria situada junto a la firma del autor: Recordan la vostra fantasía del Faust / M. Fortuny / Madrid 1866.
Como se ha sugerido en más de una ocasión, el cuadro es un retrato de amigos pintado por Fortuny en recuerdo de las reuniones celebradas con varios de ellos en el estudio del pintor Francisco Sans Cabot (según otras opiniones se trataría del taller de Luis de Madrazo), en el verano de 1866, durante una de sus estancias en Madrid procedente de Roma. A ellas concurrían con asiduidad el propio Fortuny, el ya citado Sans Cabot y el también pintor Scipion Vanutelli (posiblemente los dos personajes sentados al fondo, aunque se han apuntado igualmente las identidades de los pintores Lorenzo Casanova y Agapito Francés), y el músico catalán Juan Bautista Pujol, que debe de ser quien se encuentra tocando el piano.
La obra pictórica es, como su título, también una fantasía. Con un magistral manejo de los pinceles, desdibujando más unas partes y detallando mejor otras, Fortuny divide la composición en dos planos mentales separados por una gran mancha nebulosa. El sector de la derecha refleja la vida real, con la presencia de sus compañeros de velada en el interior de una estancia junto a objetos fácilmente reconocibles: partituras de la ópera de Gounod esparcidas sobre el suelo, una estantería de libros en la pared del fondo, un relieve de yeso, una acuarela enmarcada tras cristales que reflejan la luz y una cornucopia de llamativo marco dorado decorando el mismo sector de la habitación..., articulando en su conjunto una escena próxima a la de los cuadros de gabinete tan en boga entre los círculos burgueses de aquellos años y que tanta fama darán al pintor catalán.
En el extremo opuesto, la evocación; los propios protagonistas de la música recreados por Fortuny hasta el punto de introducirlos en la representación. De siluetas mucho menos definidas para acentuar ese aire de ensoñación, surgen sobre el piano las figuras de la vieja Marta, ataviada de oscuro, y de Mefistófeles quien, de un rojo vivo, atrae sobre sí todas las miradas del espectador. Aún más al fondo, de siluetas mucho más etéreas, Fausto y Margarita en el episodio conocido como la «Escena del Jardín», correspondiente al acto tercero de la ópera de Gounod. El dibujo es preciso, el cromatismo vibrante y la pincelada fluida, casi transparente en las zonas voluntariamente más indefinidas.
La obra, de carácter intimista y pequeño formato, perteneció inicialmente a Juan Bautista Pujol, el músico retratado. Tras él, fue su propietario Ramón de Errazu quien, junto al resto de su colección particular, la legó al Museo del Prado en diciembre de 1904.