Patrimonio histórico
Por María Ángeles Querol
Desde el inicio de las investigaciones arqueológicas modernas en los restos de las grandes ciudades o centros ceremoniales mesoamericanos, se ha asumido la dificultad de conocer la utilidad real de muchos de ellos. A diferencia de Europa, en donde los palacios, templos, mercados o viviendas son identificables como entidades funcionales, las construcciones precolombinas obedecen a patrones arquitectónicos distintos, complejos y de difícil asignación; por eso abunda la literatura arqueológica descriptiva que se explaya sobre técnicas, estilos y cronologías y deja de lado, porque no lo conoce, el importante asunto del uso, es decir, la respuesta a la pregunta «¿Para qué servía este edificio?».
Durante las dos últimas décadas, la aplicación combinada de la geofísica y la química a las unidades habitacionales con el fin de identificar las distintas áreas de actividad humana, ha dado resultados sorprendentes, permitiendo la localización de áreas de preparación y de consumo de alimentos, de zonas de trabajo, de almacenamiento y de descanso.
Uno de los lugares más famosos a los que se han aplicado estas técnicas ha sido la Casa de las Águilas, el segundo edificio religioso más importante de Tenochtitlán, la capital del territorio azteca, en México, tras la célebre pirámide o Templo Mayor.
Esta Casa, construida en el siglo xv y ampliada tres veces antes de su destrucción en 1521, se ha revelado mediante la aplicación de las nuevas técnicas como escenario de trascendentes rituales en la vida del gobernante supremo y de la elite que lo rodeaba: actos colectivos de carácter simbólico repetidos una y otra vez de acuerdo con reglas invariables, en los que se derramaba sobre el piso sangre, sudor, bebidas alcohólicas como el pulque, ofrendas vegetales y animales… esas sustancias han dejado impregnados los suelos en los lugares en los que tales ceremonias se llevaban a cabo, por lo que ha sido posible aislar en el edificio las zonas rituales de forma exacta.
Un paso más en el conocimiento concreto de un pasado tan cercano y tan distinto.