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Lunes, 30 de mayo de 2005

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Literatura / Glosas al Quijote

Don Quijote, trovador mediocre

Por José Miguel Lorenzo Arribas

El Quijote, aunque publicado en sus sendas partes en 1605 y 1615, recrea una realidad propia de una sociedad pretérita, la sociedad caballeresca, pero no es una novela histórica o historicista, como la podemos entender hoy. Llevadas estas reflexiones al campo musical, Cervantes no pretende una reconstrucción arqueológica de la realidad material de la música en el mundo tardomedieval, objetivo mejor conseguido en otros aspectos (lecturas, atuendos, cosmovisión, etcétera). Simplemente, se limita a repetir lo que los libros de caballerías, a su vez, también recreaban. Para desgracia del musicólogo, la caballería andante literaria dejó una tradición musical reseñable, por presencia y número de citas, pero igualmente estereotipada, lo que exige mayor pulcritud hermenéutica a la hora de sacar conclusiones.

Fueron precisamente las necesidades del guión las que obligaron a Cervantes a hacer cantar, tañer y danzar a un personaje con tan poco perfil musical como don Quijote: un homenaje a la tradición del caballero. Ciertamente, el desdichado hidalgo parece hacer estos honores a las artes músicas sólo por imperativo legal. Si reparamos cuándo se le vincula al arte músico observamos que sucede en ocasiones excepcionales y en contextos paródicos, y ya casi al final de la obra. Así, canta un romance acompañándose de la vihuela en una escena (II. 46); canta otra vez a solo (II. 68); y danza en una única ocasión (II. 62). Nada más. Bien pobre en comparación con los pretéritos Tristanes, trasuntos casi del divino Orfeo. Cervantes obviamente conocía estas obligaciones caballerescas y lo explota, haciendo decir por boca de don Quijote: «Todos o los más caballeros andantes de la edad pasada eran grandes trovadores y grandes músicos, que estas dos habilidades, o gracias, por mejor decir, son anexas a los enamorados andantes. Verdad es que las coplas de los pasados caballeros tienen más de espíritu que de primor» (I.23).

Si leemos entre líneas las escasas de esta cita, parece descubrirse una muestra minusvalorativa hacia la música. Por un lado, es rebajada a gracia (que no arte) por mor quijotesca; por otro, las coplas parecen referirse a las letras de las canciones, parodiadas por Cervantes en el Quijote, que no a su música.

Quien acuda, pues, al Quijote,con intención de saber qué se tañía y cantaba aquí a principios del siglo xvii vaya avisado: sólo la música que no se encuadra en estas recreaciones arcaizantes responde al gusto musical contemporáneo. Es decir, casi ninguna. Quien tenga esta loable intención de bucear en el pasado musical hispano de la época a través de la literatura, sinceramente y en bajito (que estamos en el centenario), que acuda a otras fuentes.

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