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Viernes, 27 de mayo de 2005

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Lengua / Tópica

Galicia y sus topónimos (III)

Por Jairo J. García Sánchez

Pontevedra, Vedra, Pontedeume, Puentes de García Rodríguez / As Pontes de García Rodríguez, Monforte de Lemos, Ginzo de Limia / Xinzo de Limia, Carballo, Carballino / O Carballiño

Seguimos con el repaso de los topónimos de las poblaciones gallegas más importantes. El de la capital de la provincia suroccidental, Pontevedra, resulta muy interesante, pues en él se observa la presencia del adjetivo latino uetus ‘viejo’ (vedra < lat. uetera), que también ha creado el topónimo Vedra en La Coruña. El genero femenino del adjetivo nos muestra a su vez el de la palabra ponte,el cual no nos debe de extrañar, puesto que en castellano antiguo y en gallego-portugués —donde se mantiene—, la voz puente era femenina, a diferencia del latín y del resto de lenguas romances. Pontevedra hace alusión, así, a un puente viejo.

Las referencias a puentes son una constante en toponimia, y en especial en la toponimia gallega, pues estas construcciones han tenido y tienen una función fundamental como elemento de comunicación y enlace. Entre los varios nombres de localidades gallegas que encontramos con un componente ponte, podemos mencionar, además, el coruñés Pontedeume, de estructura clara (Ponte de Eume, río que desemboca en la ría de Ares sobre el que se construyó el puente), o Puentes de García Rodríguez, mucho más conocido en su forma gallega (As Pontes de García Rodríguez), donde, aparte del apelativo en plural con el artículo femenino, tenemos un nombre personal.

El orensano Ginzo de Limia —Xinzo de Limia— esconde también un antropónimo (Ginzo < lat. Genecius), y su segundo componente parece estar relacionado con la voz lama ‘lodo, barro’, propia de las hablas gallegas y leonesas. El complemento del conocido Monforte de Lemos guarda asimismo relación con ella; en este topónimo es también destacable que el compuesto de mons ‘monte’ y fortis ‘fuerte’ tiene una aplicación militar más que orográfica, pues su valor es el de ‘castillo, fortaleza’. La elección de lugares elevados, agrestes y poco accesibles para construir fortalezas facilitó su identificación y la traslación semántica.

Hemos dejado para el final dos topónimos de conformación típicamente gallega: Carballo y Carballino. Ambos son nombres de lugar que recogen la voz carballo, común en estas tierras, en referencia a un tipo de roble de gran porte. La palabra tiene su origen en una raíz prerromana oronímica. Mientras Carballo presenta la forma plena, Carballino es un diminutivo con adaptación supuestamente castellana de la forma gallega O Carballiño.

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