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Miércoles, 18 de mayo de 2005

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Lengua / Tópica

Galicia y sus topónimos (II)

Por Jairo J. García Sánchez

Lugo, Vigo, Lalín, Marín, Verín, Santiago de Compostela, Ferrol

El dominio romano de la Península motivó la aparición de numerosos topónimos de origen latino, muchos de los cuales, más o menos evolucionados, continúan hoy en día y sirven para designar importantes poblaciones. En el caso de Galicia debemos mencionar, además del nombre de OrenseOurense—, ya comentado en un capítulo anterior, los de localidades gallegas tan representativas como Lugo y Vigo. El primero era el antiguo Lucus Augusti, topónimo formado sobre la voz lucus ‘bosque sagrado’, con la que inicialmente se hacía alusión al calvero o claro del bosque que permitía la entrada de luz (lat. lux, lucis) y donde se levantaba el templo sagrado. El segundo, Vigo, se remonta a un vicus —en concreto, era el Vicus Spacorum—, denominación utilizada para un tipo de poblamiento no fortificado.

Muchos de los topónimos de origen romano o latino que nos han llegado poseen un cariz antroponímico; suelen responder a nombres personales en caso genitivo que actúan como determinantes de un nombre común del tipo villa o fundo; este último, por no ser distinguidor, generalmente se ha perdido, y sólo ha permanecido el nombre de persona. En Galicia esta es una formación muy usual, y se repite con nombres personales de origen latino, así como con los numerosos antropónimos de origen germánico latinizados. Ejemplos de los primeros son los conocidos Lalín [< lat. (uilla) Lallini ‘villa de Lallinus’], Marín [< lat. (uilla) Marini ‘villa de Marinus’], o Verín [< lat. (uilla) Verini ‘villa de Verinus’].

También latino se presume el origen del universalmente conocido Santiago de Compostela, al menos el de la segunda parte del topónimo, ya que resulta obvio que la primera remite al nombre del apóstol Santiago. Como sabemos, los supuestos restos del santo en la villa son motivo de la peregrinación que ha dado lugar al camino jacobeo (la palabra jacobeo es una formación semiculta a partir de iacobeus, adjetivo correspondiente a Santiago [< Sanctus Iacobus], y también, sin el título de santidad, a Jacobo o Yago —cf. fr. Jacques—).

Pues bien, sin estar clara la etimología de Compostela, podría tratarse con bastante probabilidad de un diminutivo femenino del lat. composita ‘compuesta, construida’, por lo que su valor toponímico sería el de ‘(ciudad) bien compuesta, construida y arreglada’. Atrás debe de quedar el intento retórico y legendario de explicar el topónimo a partir del compuesto, también latino, campus stellae ‘campo de (la) estrella’, por creer que fue una estrella la que había señalado el lugar para el descubrimiento de la tumba de Santiago.

Destacamos, para terminar, otro topónimo que responde asimismo al nombre de un santo. Nos estamos refiriendo a Ferrol, formación en genitivo [< lat. (ecclesia) (Sancti) Ferrioli], en el que, contrariamente a lo que suele suceder, se ha perdido el título de santidad, además del apelativo referido a la iglesia.

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