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Viernes, 6 de mayo de 2005

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Lengua / Tópica

Galicia y sus topónimos (I)

Por Jairo J. García Sánchez

Galicia, La Coruña / A Coruña, El Grove / O Grove, Órdenes / Ordes, Villagarcía de Arosa / Vilagarcía de Arousa, Orense / Ourense

Comenzamos a repasar los topónimos más conocidos de Galicia por el propio nombre de la región. Este corónimo hunde sus raíces en el del pueblo antiguo que combatió contra los romanos a su llegada a estas tierras del noroeste peninsular; se trata de los kallaicoi o galaicos, nombre étnico de origen céltico, como lo es también el de los galos, de la transpirenaica Galia. Desde la Gallaecia romana, la palabra ha evolucionado de manera normal y ha llegado hasta la Galicia de nuestros días designando, con ligeras variaciones territoriales en función de los momentos históricos, la realidad geográfica del cuadrante noroccidental de la península.

La Galicia celta no sólo se manifiesta en el corónimo, sino que participó activamente en la aparición de algunos de los topónimos gallegos más antiguos. Entre ellos está el de La Coruña (< Clunia < *Clounia), variante castellana diferente de la gallega (A Coruña) sólo en el artículo romance, que es, claro está, de adición moderna. Esta cuestión, la de la adaptación, más allá de la fonética, de los topónimos a la lengua en la que se usan, con ser legítima, ha provocado algún que otro dislate propio del desconocimiento etimológico. Así, O Grove, documentado como Ocobre (> Ogovre > Ogrove), es el resultado de una errónea deglutinación al separarse la vocal inicial por confusión con el artículo masculino singular del gallego. La traducción por El Grove, en la versión castellana, lo ha alejado todavía más del étimo. Situación similar es la que puede haber experimentado el coruñés Ordes, topónimo que, para relevantes investigadores, remite al lat. (h)ordeis, ablativo de hordeum, ‘cebada’, voz presente con cierta frecuencia en toponimia. La variante castellana Órdenes sería, en este caso, una traducción que restituye una -n- intervocálica que nunca habría existido.

La diferencia de formas en una y otra lengua también se aprecia en Villagarcía de Arosa, topónimo que en gallego (Vilagarcía de Arousa) muestra características fonéticas propias de este idioma, como la degeminación o simplificación de la doble -l- (gall. vila < lat. uilla) y el mantenimiento del diptongo ou. El topónimo conserva vivo el recuerdo del fundador de la población, García de Caamaño, así como su situación, inmediata a la ría de Arosa.

El diptongo ou, característico del gallego, se encuentra igualmente en uno de los topónimos más conocidos de Galicia, el de la capital provincial OurenseOrense en castellano—. El nombre de lugar, pese a lo que podría parecer, no tiene relación alguna con el oro (gall. ouro), sino que surgió a partir del genitivo de un nombre personal latino ([uilla] Auriensis), indicativo de posesión o pertenencia. En próximos capítulos tendremos ocasión de comprobar cómo este procedimiento se repite en otros varios nombres de localidades gallegas.

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