Centro Virtual Cervantes

Rinconete > Arte
Martes, 25 de mayo de 2004

Rinconete

Buscar en Rinconete

ARTE / Claroscuro

Pero... ¿hubo alguna vez once mil vírgenes?

Por Antonio García Flores

Una inscripción del siglo iv o v, situada en el coro de la iglesia de Santa Úrsula en Colonia, refiere cómo Clemacio, hombre de rango senatorial, motivado por las visiones que tenía, reconstruyó esa basílica en honor de las vírgenes que, provenientes de Oriente, habían derramado su sangre por el nombre de Cristo. Las más antiguas fuentes del siglo ix identificaban en un principio sólo a dos de estas mujeres (Marta y Saula), número que aumentó luego a once (Marta, Saula, Brítula, Gregoria, Saturnina, Sencia, Pinnosa, Rabacia, Saturia, Paladia y Úrsula); ya a finales del siglo x, apareció Úrsula a la cabeza de las santas vírgenes, que muy pronto se convirtieron en once mil, debido a la devoción y fantasía populares.

Parece que la propagación de este increíble número se debe a la mala lectura de una frase de un documento datado en el año 922, según el cual en Colonia había un monasterio en el que se veneraba «Dei et sanctas Mariae ac ipsarum XI m virginum», y en lugar de leer «undecim martyres virginum» se leyó «undecim millia virginum», es decir, ‘once mil vírgenes’. Durante el siglo xii, el descubrimiento de un cementerio romano bajo la iglesia hizo que el culto se extendiese aún más, ya que los huesos se identificaron como pertenecientes a las vírgenes, aunque había cadáveres de hombres y de niños, que habrían sido acompañantes de las mártires.

Así, poco a poco la leyenda fue tomando cuerpo hasta quedar fijada, a grandes rasgos, del modo siguiente. Entre los siglos iii y v, Úrsula, hija del rey de Bretaña, fue pedida en matrimonio por el hijo del rey de Inglaterra. Como la doncella deseaba conservarse virgen, obtuvo una prórroga de tres años, durante los cuales el prometido debía convertirse al cristianismo y ella, acompañada por diez jóvenes muchachas nobles y todas a su vez seguidas de mil vírgenes, navegarían cerca de la costa inglesa en once barcos. Cuando el plazo se acababa una milagrosa ráfaga de viento las llevó hasta Colonia y Basilea, desde donde se desplazaron en peregrinación a Roma. A su vuelta a Colonia, murieron a manos de los hunos que cercaban la ciudad.

En esta tabla del anónimo pintor conocido como el Maestro segoviano de las Once mil vírgenes, activo en la capital castellana en el último cuarto de la decimoquinta centuria, Úrsula aparece en el centro de la composición ricamente vestida como es propio de su condición principesca y enarbola un estandarte en calidad de cabecilla del femenil ejército, representado por un número elevadísimo de cabecillas de las que, en la mayor parte de los casos, se ve sólo la zona superior. Acompañan a la titular el papa Ciriaco, dos cardenales y cuatro obispos que salieron a recibir esta singular armada a su llegada a Roma y que más tarde las acompañarían hasta Colonia, así como de Santa Gerásima, reina de Sicilia y tía materna de Úrsula, que aparece entre ésta y el pontífice tocada con corona, y que se uniría al grupo junto con sus hijas Babila, Juliana, Victoria y Áurea, tal y como nos relata Jacobo de la Vorágine en su Leyenda Dorada (ca. 1264).

Ver todos los artículos de «Claroscuro»

Centro Virtual Cervantes © Instituto Cervantes, . Reservados todos los derechos. cvc@cervantes.es