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Martes, 20 de mayo de 2003

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ARTE / Claroscuro

San Miguel contra los malignos

Por Susana Calvo Capilla

Esta obra, procedente del hospital de San Miguel en Zafra, Badajoz, es para algunos una pieza maestra de la pintura gótica española. Fue realizada en torno a 1475 por un artista anónimo de la escuela primitiva andaluza, seguidor del estilo hispano flamenco.

En opinión de José Gudiol, se trata de una composición propia ya del estilo 1500, el cual marca la transición del gótico al renacimiento. La escena representada es descrita en el Apocalipsis: San Miguel y sus ángeles luchan en el cielo contra el dragón de color fuego, con siete cabezas y diez cuernos. Éste había arrastrado con su cola la tercera parte de los astros del cielo y los había arrojado a la tierra. Un gallardo San Miguel se sitúa en medio de un «fabuloso hervidero de diablos», en expresión de Gudiol, mientras que varias legiones de ángeles les hacen frente con espadas y escudos u observan la batalla desde lo alto. Todos ellos, maléficos y angelicales, son seres diminutos, lo que realza al enérgico protagonista. El rostro del arcángel está modelado con delicadeza y su cuerpo, protegido por una armadura, con volumen escultórico. El artista demuestra, además, un gran dominio de la técnica en los magníficos detalles del atuendo de San Miguel: la luz reflejada en los metales, el relieve de su labra o el brillo de las piedras preciosas que ornan cinturones y broches; el colorido es variado y dinámico. Sólo la rigidez y monotonía de los conjuntos de ángeles de la parte superior revelan un carácter aún algo arcaico.

La Teología divide a los espíritus celestiales y bienaventurados en nueve jerarquías o «coros», de los cuales los siete arcángeles son el octavo, segundo en importancia; los ángeles integran el noveno y por debajo están los Principados, las Potestades, las Virtudes, las Dominaciones, los Tronos, los Querubines y, en el inferior, el primero, los Serafines. Todos ellos son guardianes del trono divino, mensajeros celestes, luchan contra los demonios (que son los ángeles desterrados al infierno por su rebeldía) y protegen a los creyentes. San Miguel, San Gabriel y San Rafael son los arcángeles más activos, y entre ellos quizá el primero sea el representado con mayor asiduidad, al menos en la Baja Edad Media. Adquiere protagonismo por haberse enfrentado al dragón, porque hacía milagros y porque transportaba al cielo las almas de los difuntos.

Además, San Miguel era el ángel custodio por excelencia. Como defensor de los creyentes frente al demonio y a los infieles aparece asimismo en el Corán (revelado a Mahoma por el arcángel Gabriel): «Si hay alguien enemigo de Dios, de Sus ángeles, de Sus enviados, de Gabriel y de Miguel, Dios, a Su vez, es enemigo de los infieles». Acabaremos con unos versos de Luis Cernuda dedicados a su «arcángel guardián».

No solicito ya ese favor celeste, tu presencia;
Como incesante filo contra el pecho,
Como el recuerdo, como el llanto,
Como la vida misma vas conmigo.

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