ARTE / Claroscuro
Por Juan Carlos Ruiz Souza
Junto a su padre, Felipe IV, posiblemente sea el personaje que en más ocasiones retrata Velázquez. No cabe duda de que debió existir una especial relación entre el maestro y la infanta a la que una y otra vez inmortaliza en sus lienzos, y a la que otorga el primer papel de su obra capital, Las Meninas, en la que el propio pintor aparece autorretratado.
Hoy conocemos a Margarita por los pinceles de Velázquez, pero seguro que ignoramos muchos datos de su vida. Nació el 12 de julio de 1651 y fue hija de Mariana de Austria, segunda mujer y sobrina de Felipe IV. Tuvo una vida intensa pero muy corta, ya que murió el 12 de marzo de 1673, con tan sólo 21 años. Por intereses de estado, y como medio de afianzar las buenas relaciones existentes entre las ramas austriaca y española de la familia de los Habsburgo, Margarita tuvo que viajar a Viena para casarse el 12 de diciembre de 1666 con el emperador Leopoldo, por lo que llegó a ser la emperatriz de Austria. Hoy descansan sus restos en la cripta imperial de los capuchinos de Viena, aunque su semblante gracioso e infantil siempre permanecerá vivo en nuestra retina, al igual que aparece en este poema, a ella y a este cuadro dedicado.
La infanta Margarita
Como una flor clorótica el semblante,
que hábil pincel tiñó de leche y fresa,
emerge del pomposo guardainfante,
entre sus galas cortesanas presa.La mano —ámbar de ensueño—, entre los tules
de la falda desmáyase y sostiene
el pañuelo riquísimo, que viene
de los ojos atónitos y azules.Italia, Flandes, Portugal..., Poniente
sol de la gloria el último destello
en sus mejillas infantiles posa...Y corona no más su augusta frente
la dorada ceniza del cabello,
que apenas prende el leve lazo rosa.