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Martes, 30 de mayo de 2000

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ARTE / Claroscuro

El descendimiento de Roger van der Weyden

Por Susana Calvo Capilla

Esta tabla fue pintada por el flamenco Roger van der Weyden allá por 1435 para el Gremio de Ballesteros de Lovaina. La pintura, considerada hoy como una obra maestra excepcional, fue admirada desde el momento en que se colgó en la capilla de la Cofradía. Pruebas de ello son las copias que se hicieron de ella, desde la realizada en 1443 para una familia de Lovaina, hasta la encargada al pintor Michel Coxcie (1499-1592) por María de Hungría, hermana de Carlos V, que había comprado el original al Gremio.

Poco después, la reina se lo envió a Felipe II, al parecer encaprichado con la obra desde hacía tiempo, y éste lo colocó en el Monasterio de El Escorial. Más tarde, el monarca también adquirió la magnífica copia de Coxcie, destinándola al Palacio del Pardo, en Madrid (tras la guerra civil, la copia ha sustituido al original en El Escorial).

La primera sensación que recibe el espectador es la de que se encuentra más ante un grupo escultórico que ante una escena pintada, casi ante personajes vivos. En la composición se reúnen tres episodios fundamentales de la Pasión, el Descendimiento, la Lamentación y la Deposición del cuerpo de Jesús.

Las expresivas figuras, destacadas sobre un fondo liso de oro, parecen en relieve, sobre todo gracias a los espléndidos ropajes que portan. Su intenso y contrastado colorido, las diferentes texturas de las telas y sus abundantes pliegues dan volumen a los personajes. Éstos se distribuyen a ambos lados de la cruz de la que se desciende a Jesús, que marca así el eje de simetría de la composición. La disposición de sus manos, especialmente las desfallecidas de la Virgen (con el manto azul) y su Hijo, reunidas en el centro del cuadro, o las posturas contrapuestas de San Juan (vestido de rojo) y de María Magdalena (a la derecha), que encierran la escena, completan este magistral juego compositivo de Roger van der Weyden.

Algunos investigadores lo han relacionado con una composición musical, en concreto con los compases del Stabat Mater Dolorosa de Guillaume Dufay (compositor franco-flamenco muerto en 1470). Como en este himno, también el pintor identifica el sufrimiento de Cristo y de María, disponiendo en paralelo sus cuerpos, inerte y lívido el del primero y desvanecido el de ella. La Pasión aquí se convierte en Compasión, en un dolor compartido por Madre e Hijo, en una meditación sobre la Redención de los hombres a través del padecimiento de ambos.

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