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Martes, 23 de mayo de 2000

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ARTE / Claroscuro

Velázquez «arrepentido»

Por Juan Carlos Ruiz Souza

Cuando contemplamos algunos cuadros de Diego Velázquez, nos llevamos una extraña sensación, pues vemos, como si de un espectro o espíritu se tratase, piernas, ropas, patas de caballos, ligeramente visibles bajo la pintura del cuadro y sin un sentido claro. Son lo que se han denominado las correcciones, arrepentimientos o pentimenti de Velázquez, es decir, esas variaciones que ha introducido el maestro sobre la composición inicial del cuadro.

Parece, incluso, que muchas de estas correcciones fueron introducidas después de haberse finalizado el lienzo, al quedar el pintor descontento por la impresión de algún detalle del cuadro. Como podemos estudiar en ciertas obras del Museo del Prado, a veces sólo varía la disposición de las patas de un caballo (La reina doña Isabel de Francia, a caballo), y en ocasiones los cambios afectan en mayor medida a la composición general de la obra, como en el Retrato ecuestre de Felipe IV, donde se modifica la posición de las patas traseras del équido, y la banda carmesí que cruza el pecho del monarca, en un principio, presentaba sus extremos volados, o en el retrato de Felipe IV, cazador, donde inicialmente llevaba la gorra sujeta por la mano, y no en la cabeza, la pierna izquierda estaba más separada del cuerpo, y la escopeta tenía un cañón más largo.

En este retrato del mismo rey, en origen se presentaba al soberano en otra postura más frontal, con las piernas más separadas, la capa más abierta, y la mesa de su lado, más baja, por lo que vemos como varía también la colocación del sombrero. Tiempo después, Velázquez decide crear una composición más recogida, introduciendo los cambios comentados, así como otros, visibles en radiografías (posición de las manos y demás).

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