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Viernes, 19 de mayo de 2000

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La palabra charro (II): «Yo soy charro salmantino»

Por Daniel Samper Pizano

Hemos visto cómo en América Latina la palabra charro se asocia con México, cantantes muy machos, Jorge Negrete… El origen del charro es español. Así se denomina a los campesinos de Salamanca, y, en particular, a los de la Ciudad Rodrigo, Ledesma. Vitigudino y Alba. Por extensión, el cariñoso patronímico recae sobre cualquier persona o cosa procedente de Salamanca.

Lo curioso es que, así como antes que el charro mexicano existió el salmantino, antes que el salmantino existió el charro vasco. No se escribía así, evidentemente. Don Joan Corominas explica que es probable que el vocablo esté emparentado con txar, que significa ‘malo, defectuoso, débil, pequeño’. De allí pasó a abarcar lo tosco, lo basto. Y de lo tosco saltó a lo aldeano. Justamente lo encontramos al sur del País Vasco con ese significado: ‘Aldeano de Salamanca’, dice el Diccionario de Seco, Andrés y Ramos. El Moliner y el de la Real Academia concurren.

Donde se ve el etnocentrismo de estos diccionarios es que, siendo hoy más connotada su relación con México que con Salamanca para la mayoría de los hispanohablantes, aquella sigue subordinada a ésta. El Seco ni siquiera incluye la acepción americana. Para éste, no hay más charros que los de Salamanca. Y negrete significa en sus páginas ‘variedad de trigo de grano oscuro’. Con razón…

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