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Miércoles, 24 de marzo de 1999

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Concurso

Nuestros ganadores

¿Algún problema? (11 de marzo de 1999)

José Hilario Martínez Liarte gana este concurso con la siguiente respuesta:

«El término problema es utilizado en ocasiones como inadecuado sinónimo de otros términos más exactos.

»En las proposiciones a y b se utiliza el término como algo que se posee. Sin embargo, el problema es el tráfico (o las circunstancias que lo rodean), o bien el problema es la reserva de Alejandro. Puedo tener dificultades o contratiempos con el problema o debidos al problema, pero no tengo el problema.

»En la proposición c, problema se utiliza inadecuadamente como sinónimo de asunto.

»En la proposición d, problema se utiliza inapropiadamente como sinónimo de tema o asunto.

»En cuanto a las proposiciones e y f, se utiliza inadecuadamente el término problemática. Según el DRAE, problemática es “el conjunto de problemas pertenecientes a una ciencia o actividad determinada”. Creo que la separación no constituye un problema en sí misma (puede entrañar dificultades). Por otra parte, lo que pueda ocurrir a final de mes es indeterminado y nada científico. En la e podríamos utilizar nuevamente el vocablo asunto y en la f los términos situación o hecho.

»Por tanto, no existen verdaderos problemas en las proposiciones, aunque todas ellas constituyan un problema (Acepción 1: “Cuestión que se trata de aclarar”)».

Flamea/flambea (23 de marzo de 1999)

Premiamos dos respuestas. La de Tomás Camacho:

«Por orden:

  1. flambearse
  2. flamante
  3. flamea
  4. la oriflama
  5. correcto»

y la de Chema Ruiz de la Fuente:

«En esto del flamear nos confunden mucho dos géneros de escritores, sobre todo: los pseudoculinarios y los pseudorunenianos. Pero sólo por una razón: suena más chic rememorar el francés flamme o flamber, aceptado como llama o lo que llamea, que el llano flama o flamear, aceptado como lo mismo.

»Así, es correcta la frase número 1, “La tarta debe flamearse...” (o sea, debe prenderse el licor alcohólico que la baña, por lo general coñac o aguardiente). En esto, los pseudoculinarios prefieren decir flambear, pero allá ellos y sus galicismos. Los cocinillas normales nos limitamos a arrimar yesca. La frase 2 es rematadamente cursi e incorrecta. Un automóvil lujoso y bello puede ser flamante en el sentido de vistoso, lucido, llamativo, nuevo, moderno... Pero si despidiese llamas resultaría algo incómodo, además de muy inseguro. La 3 es absolutamente correcta. La 4 también lo sería, salvo que creo que el género debiera ser femenino (La oriflama...). Finalmente, la 5 es ortodoxa del todo. Los sacerdotes, aun romanos, deben saber levantarse y saber andar para adelante y para atrás».

Efectivamente, flambearse es un galicismo que no se registra en el DRAE, pero que aparece en el Gran Diccionario de la Lengua Española Larousse, en su edición de 1996.

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