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Martes, 23 de marzo de 1999

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Lengua / Didáctica

Autocrítica

Por Cortadillo

Muchas veces, como profesores, nos quejamos de la actitud de nuestros estudiantes respecto a la materia que impartimos. No es extraño escuchar, en la cafetería o en la sala de profesores, durante un descanso, comentarios del tipo: «Es que mis alumnos son muy pasivos», «Es que no participan nada», «Sólo van a ver si me pillan en un renuncio», «Carecen por completo de interés», «Desde luego, no les gusta pensar», «Están locos si creen que se lo voy a dar todo hecho»... Estos airados comentarios son el reflejo del nivel de frustración que un profesor, al que le gusta su trabajo y se interesa por él, puede llevarse a su casa.

Pero intentemos ver las cosas desde otro punto de vista: ¿Qué nos ocurre a nosotros cuando asistimos a un curso de formación?; ¿qué esperamos?; ¿cómo reaccionamos?; ¿que le pedimos al profesor?; ¿nos metemos dentro de su pellejo o nos convertimos en el más impertinente de los alumnos? Hay que reconocer que nos ponemos, a menudo, muy prepotentes y sabiondos; que renegamos de la teoría, como si fuésemos una pandilla de iluminados o tan ingenuos —por no decir tan ignorantes— que creamos que puede existir una praxis al margen de la formación teórica; muchas veces, sólo pedimos recetas útiles para nuestra clase y miramos, con cierto escepticismo y cierta sorna —es decir, miramos con cara de a ver qué me vas a contar tú a mí que yo no sepa—, al pobre formador de profesores que tenemos delante.

Hay que reconocer que hablamos en la clase, cuando debemos atender a la exposición, y no decimos ni mu cuando el profe o la profe nos piden que participemos; no estamos dispuestos a reflexionar y a desarrollar un pensamiento abstracto que exceda los límites de nuestra experiencia, de nuestro pequeño mundo cerrado de pues esto a mí me funciona y punto. ¿Alguno de nosotros tiene el valor de reconocerse?; ¿alguno puede decir que no ha arrojado la piedra y ha escondido la mano?; ¿alguno se ha hecho ya consciente de hasta dónde puede llegar el nivel de frustración de los «formadores de formadores»?

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