MÚSICA Y ESCENA
Por Fernando Carmena
Las zarzuelas de José Serrano son, con diferencia, las que más han resonado en la gran pantalla. Una decena de adaptaciones cinematográficas avala la popularidad del compositor valenciano a lo largo de un dilatado periodo que abarca desde el cine mudo —La reina mora (José Buschs, 1922)— hasta los albores de la televisión —La canción del olvido (Juan de Orduña, 1969)—. Junto a La reina mora, obras como Los claveles y Alma de Dios fueron objeto de múltiples versiones, casi siempre con la cobertura financiera de su yerno Aureliano Campa, productor cinematográfico y guionista ocasional. Por si fuera poco, el himno compuesto por Serrano para la Exposición Regional Valenciana de 1909 —convertido dos décadas después en el himno oficial valenciano— pasó a ser la seña de identidad musical de CIFESA, la más potente productora española de los años treinta y cuarenta. Desde entonces, la retórica heráldica y castiza de sus primeros compases ha quedado tan unida a la imagen del Micalet como los redobles militares de Alfred Newman a los inmensos focos giratorios de la 20th Century Fox.
La Dolorosa, estrenada en 1930 en el Teatro Apolo de Valencia, constituyó el último éxito incontestable del compositor valenciano sobre los escenarios y su primera experiencia en el cine sonoro. Artífice de un teatro lírico de factura sencilla y desbordante melodismo, Serrano exprimió todas sus competencias de seducción popular en una partitura exuberante de apenas media hora de duración. Juan José Lorente, que ya había escrito para el maestro valenciano el libreto ramplón y plañidero de Los de Aragón (1927), introdujo esta vez numerosos elementos melodramáticos y piadosos muy en boga en el incipiente cine de la II República. Con la pugna entre la devoción y la sensualidad como tapiz de fondo, el texto teatral de Lorente indaga en las cuitas de Rafael, un joven pintor recluido en un convento cartujo tras el desplante de la voluble y sensual Dolores, cuyos rasgos no puede evitar reproducir al pintar una imagen de Virgen Dolorosa, para consternación del clero circundante. El reencuentro de ambos jóvenes en el convento —donde reaparece Dolores con un bebé bajo el brazo, víctima de la marginación social— hace tambalear los cimientos de la devota clausura del pintor. El texto de la célebre romanza de Rafael («La roca fría del calvario») expone sin bizantinismos esta dicotomía carnal y espiritual rayana en el sacrilegio:
[…]
¡Mujer y madre!
De todo lo del mundo
lo más sagrado.Desde una loma del sendero
la Virgen caminante ve la silueta del madero
y al hijo agonizante.
Y llora su callado tormento
como un lamento
que no puede vencer:
es el grito desgarrado
arrancado a su carne de mujer.
[…]
Si Las hilanderas había inspirado a Serrano la romanza satánica definitiva —la delirante «Satán, dios del averno»— en La Dolorosa alumbró alrededor de estos versos el pasaje religioso más célebre de todo el repertorio, con permiso de la muy zarzuelera canción de Pablo Sorozábal para Marcelino pan y vino (Ladislao Vajda, 1955). La melodía, que comienza con figuras repetitivas próximas a la monotonía del canto llano, enseguida se desborda en un desarrollo voluptuoso que deja en evidencia la interdependencia del fervor religioso y la sensualidad reprimida. Esta y otras páginas de la zarzuela logran trascender el estatismo esencial del libreto, que se beneficia de una partitura donde tienen cabida pasajes construidos sobre los antiguos modos eclesiásticos, un extenso y apasionado dúo amoroso, una delicada canción de cuna, aires de jota que proveen el obligado sustrato popular y un garboso y obsceno dúo cómico.
Semejante material de partida atrajo la atención del prometedor y camaleónico cineasta francés Jean Grémillon, quien aprovecharía la ocasión para profundizar en los subtextos psicológicos de la historia por medio de una potente artillería visual, por momentos casi alucinógena. Como veremos a continuación, la adaptación de La Dolorosa reunió la música de un compositor con sangre cinematográfica y el talento visual de un cineasta con alma de músico.