ARTE / Claroscuro
Por Mónica Ann Walker Vadillo
Destruir la hidra de Lerna fue el segundo trabajo que el rey Euristeo encargó a Hércules. Una vez más, nos encontramos ante una historia que representa al fundador de la monarquía española destruyendo el mal o, más bien, una historia que simboliza el triunfo de los monarcas Habsburgo sobre los herejes protestantes. Por eso no es de extrañar que fuera elegida para decorar el Salón Grande del Buen Retiro creado en honor de Felipe IV y diseñado íntegramente para exaltar la grandeza de la monarquía española.
La hidra de Lerna era una de las criaturas monstruosas que había criado la diosa Juno; vivía en una cueva cerca de la fuente Amimone, en Lerna. Con cuerpo serpentiforme y siete cabezas —o nueve, dependiendo de las fuentes—, la hidra era un monstruo aterrador cuyas cabezas se duplicaban si alguna de ellas era cortada. Hércules le pidió a su sobrino Iolao que condujese el carro que les llevaría a los dos hasta la morada de la hidra. Una vez allí, el héroe también le pidió a su sobrino que encendiera un fuego en el bosque que los rodeaba. Después Hércules encontró la cueva en la que se escondía la hidra y, con flechas encendidas, obligó al monstruo a salir para enfrentarse a él. Empezó en ese momento una lucha encarnizada en la que Hércules intentó cortar las cabezas de la hidra con su maza pero, como era de esperar, por cada cabeza que cortaba aparecían dos en su lugar. El héroe griego llamó a su sobrino para que le ayudase: Iolao entonces empezó a quemar con troncos ardientes las cabezas que Hércules iba seccionando y, de esta manera, impedía que se reprodujeran. Al darse cuenta de que la cabeza de en medio era inmortal, Hércules la cortó con el mazo y la enterró, colocando una piedra gigantesca encima de la tumba para dejar cumplido su trabajo. Como sabía que la sangre de la hidra era venenosa, Hércules empapó sus flechas con ella y así se volvieron mortíferas tanto para los mortales como para los inmortales. Con el tiempo, la hidra pasó a simbolizar la vitalidad y proliferación del mal.
Para componer este cuadro, Zurbarán también se basa en los grabados del neerlandés Cornelis Cort. Como en su pintura religiosa, Zurbarán sigue las fuentes literarias al pie de la letra y presenta la historia de Hércules cuando éste se encuentra a punto de pedir ayuda a su sobrino Iolao. Su musculoso Hércules obliga a la hidra a salir de la cueva y con la maza le va cortando sus cabezas. A la derecha de la composición sitúa a Iolao, representado como un joven mancebo de cabellos oscuros que, con cara asustada, sostiene la antorcha encendida con las dos manos.
Durante la creación de esta serie mitológica de los trabajos de Hércules, Zurbarán contó con la ayuda de diversos asistentes. En algunos casos se le ha acusado —o a sus asistentes— de cierta torpeza en la ejecución. Sin embargo, algunos investigadores creen que la representación simple y esquemática de Hércules se ha realizado adrede para conseguir una mejor legibilidad de estos cuadros que, relativamente pequeños, estaban situados muy alto, sobre las puertaventanas del Salón Grande del Buen Retiro. La aparente rudeza con la que Zurbarán representa a Hércules es justamente la que traduce la fuerza y la potencia que el héroe griego emplea para resolver sus tareas.