ARTE / Claroscuro
Por Laura Rodríguez Peinado
Esta pintura, situada en la sala de la planta alta de la Quinta del Sordo, muestra una muchedumbre en un paisaje indefinido que se agrupa y entretiene en tomar agua como remedio espiritual. En primer plano, un personaje vestido anacrónicamente, a la moda del siglo xvii, ofrece un vaso a una figura femenina ataviada con toca, por lo que podría pertenecer al orden religioso, aunque su prominente vientre parece aludir a la ruptura del voto de castidad. Detrás, varias figuras acompañan en su peregrinar a estos personajes que, en un acto de superchería, pretenden purificarse con el agua de la fuente del santo.
Esta pintura también se conoce como Paseo del Santo Oficio, y en ella se ha querido ver una crítica a la Inquisición en un momento en el que ya había sido abolida, aunque sus actos de represión aún estaban muy recientes. Cabe recordar que en 1815 Francisco de Goya fue objeto de un proceso de depuración para que informase de quién había encargado las majas y qué razones le habían llevado a pintarlas, aunque no fue condenado. Y muchos de sus amigos liberales sufrieron procesos durante el periodo absolutista del reinado de Fernando VII.
La Inquisición nació en el siglo xii en el sur de Francia como un arma para luchar contra la herejía de los albigenses. En el siglo xiii se implantó en el reino de Aragón y durante el reinado de los Reyes Católicos entró bajo el poder de la monarquía para mantener la ortodoxia católica en sus reinos y controlar las prácticas judaizantes de los conversos. Después fue fundamental para luchar contra el protestantismo y trabajó activamente para frenar la difusión de las ideas heréticas mediante la elaboración de índices de libros prohibidos.
Los acusados y detenidos por la Inquisición eran procesados en el más absoluto secreto, y no se les informaba de las acusaciones que pesaban sobre ellos. Durante los interrogatorios podían ser torturados, aunque la tortura no se practicó de forma sistemática. Si como resultado del proceso se consideraba culpable al reo, podía ser penitenciado, lo que le obligaba a abjurar públicamente de sus delitos y se le podían imponer castigos, como llevar puesto el sambenito. Pero el castigo más grave era la relajación, que implicaba ponerle en manos del brazo secular para ser quemado en la hoguera en ejecución pública, donde podía ser quemado vivo o muerto después de ser ajusticiado en el garrote vil si se arrepentía de sus faltas. Las sentencias de estas condenas implicaban un auto de fe, ceremonia que atrajo a gran cantidad de público, que asistía a todo un ritual que concluía con la ejecución de los reos. El último auto de fe público se celebró en España en 1691.
Durante el siglo xviii la Inquisición combatió sobre todo las ideas ilustradas y revolucionarias llegadas de Francia. Fue abolida durante el reinado de José I y por las cortes de Cádiz en 1813, restaurada de nuevo por Fernando VII en 1814, vuelta a abolir durante el Trienio Liberal —cuando Goya realizó las pinturas de su Quinta— y, aunque después no fue formalmente reconocida, siguió actuando bajo la fórmula de Juntas de Fe; finalmente, fue abolida de forma definitiva en 1834, durante la regencia de María Cristina.
El siglo xvii fue la etapa en la que la actuación del Santo Oficio fue más célebre, posiblemente por eso Goya representa a un personaje con atuendo propio de esa época, como ejemplo de lo trasnochada que se mostraba esta institución.