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Lunes, 7 de marzo de 2011

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Cine y televisión

Nuevo cine latino en Estados Unidos: abriendo caminos

Por Inmaculada Álvarez Suárez

El cine, y en general la cultura visual, no sólo es arte de entretenimiento sino también un producto cultural que refleja los cambios en los modelos sociales del momento. En este sentido, el llamado nuevo cine latino, producido por la comunidad descendiente de latinoamericanos pero ya educada, o nacida, en Estados Unidos, presenta desde hace unos años una notable transformación en cuanto a temática, modelos de familia, actitudes de género y representación de los latinos en la sociedad estadounidense.

Si durante el pasado las películas sobre hispanos reflejaban siempre el conflicto migratorio, los problemas de integración, la marginalidad del barrio y la familia patriarcal latina en la que, durante siglos, la mujer ha ocupado un lugar secundario (Born in East L. A., de Cheech Martín, 1987; My family/Mi familia, de Gregory Nava, o American Me, de Edward J. Olmos, 1992), desde finales de los noventa, el cine latino abandona estos temas para iniciar una evolución hacia otros caminos.

El director méxicoamericano Robert Rodríguez estrenó en 1993 El mariachi, película de bajo presupuesto, hoy film de culto, que supuso una renovación estética y temática del cine latino. Esta película tuvo dos secuelas: Desperado (1995) y Once Upon a Time in Mexico (2003); las tres configuran una trilogía protagonizada por Antonio Banderas, que interpreta al héroe mexicano vengador (el mariachi), y por la actriz Salma Hayek (en los dos últimos filmes), que se aleja del modelo de enamorada sumisa en el papel de Carolina, una mujer sensual, experta en armas, que lucha junto a su amado mariachi.

Rodríguez juega en todo momento con los estereotipos sobre los latinos, más concretamente sobre los chicanos, y construye un héroe mexicano, interpretado por un español, que domina la escena y cautiva con una estética mexicana muy tradicional (pantalón de charro, espuelas de plata, traje negro) y una heroína rebelde, fuerte, autónoma, que dispara y golpea igual que su amado. Estos personajes significaban una total novedad en un cine latino acostumbrado a otros temas y roles: representaban que algo había cambiado también en la sociedad norteamericana en la que se iniciaba entonces el llamado latino boom, una mayor influencia y visibilidad de la comunidad latina en todos los aspectos, desde las finanzas a los medios de comunicación.

Su posterior saga, Spy Kids (2001, 2002 y 2003), también con Antonio Banderas, que ahora interpreta al padre de los dos niños protagonistas (Carmen y Juni, dos niños latinos que se ven envueltos en mil aventuras para salvar a sus padres, espías profesionales), supone una transformación en el modelo de familia tradicional patriarcal y, especialmente, en el rol femenino. La protagonista, Carmen, es quien dirige la acción: una niña autosuficiente, valiente y madura que protege a la familia con sus decisiones.

Este nuevo modelo de mujer latina, que se aleja del tradicional papel secundario dentro de un modelo de familia patriarcal, se refleja de modo habitual en el nuevo cine latino y constata una transformación social en las actitudes de género. Mientras en la televisión se hace popular el personaje de dibujos animados Dora Exploradora, una niña latina que guía a sus amiguitos en aventuras y en el aprendizaje de conceptos, en el cine surgen nuevas voces: directoras latinas ruedan películas que reflejan esta nueva mujer bicultural, que intenta romper con un pasado de sumisión y pasividad. Así se estrenan filmes como Tortilla Soup, de Marina Ripoll (2001), Real Women Have Curves, de Patricia Cardoso (2004), o el film documental Made in L. A. (Hecho en Los Angeles), dirigido en 2008 por la española residente en Nueva York Almudena Carracedo, que refleja el conflicto de las trabajadoras latinas de la industria textil en esa ciudad. Sin duda el nuevo cine latino se hace eco de la transformación de esta comunidad en la sociedad norteamericana.

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