LITERATURA
Por Camilo Hoyos Gómez
Carles Riba i Brancons, nacido en Barcelona en 1893, resulta ser un poeta de marcado inicio Noucentista: contemporáneo de la enunciación y consolidación del movimiento gracias a las obras e iniciativas tanto de Josep Carner como de Eugeni d’Ors, Riba tomará como punto de partida una poética en pleno resurgir de la lengua catalana. Estudiante de Derecho y Leyes, como muchos de sus contemporáneos, encontró un espacio de disertación literaria gracias a sus distintas colaboraciones en revistas como Quaderns d’estudi, La Publicitat, La Revista y el importantísimo diario para la propagación de la estética o política Noucentista La Veu de Catalunya. Si bien para entonces no hacía más que continuar con los planteamientos y quizás mismos itinerarios de sus contemporáneos Noucentistas, su viaje a Alemania en 1922 dividirá tajantemente sus dos etapas poéticas. La primera se caracteriza por la publicación de su primera compilación de poemas escritos entre 1912 y 1919, La paraula a lloure, y tras la publicación de su Primer Llibre d’Estances (1919). Sus primeras obras lo unirán irremediablemente a la estética Noucentista si bien su poesía fue recibida por parte del público catalán como hermética, precisamente por su enfática disertación personal, ya fuera a través del tema amoroso (el cual lo insertaba, también, en la tradición del poeta catalán Ausiàs March), ya fuera por la estilizada forma que siempre recordaría las enseñanzas de Eugeni d’Ors, más conocido entonces como el Xènius del Glosari. No obstante su creación poética, también para entonces había incursionado, gracias a su constante colaboración con la Editorial Catalana bajo la protección del entonces director Josep Carner, en el campo de la traducción, labor igualmente primordial para los propósitos del Noucentisme puesto que legitimaba la utilización literaria del catalán al traer, por ejemplo, los clásicos de la literatura universal a su propia lengua. Así pues, en 1919 da a conocer su traducción de la Odisea, que le valdrá, desde un principio, una insigne importancia en el campo de las traducciones de los clásicos (años después vendrían Esquilo, Jenofonte, Plutarco y otros, por ejemplo).
Su segunda etapa, pues, se inicia con su viaje a Alemania, en el cual estudiará estilística bajo el maestrazgo del importantísimo romanista hispánico alemán Karl Vossler. Si bien entonces contó con las herramientas necesarias para acceder a una nueva forma, por esos años (y quizás precisamente desde la publicación de Estances en 1919) Riba sufre una crisis definida por Gabriel Ferrater como «ausencia de tradición» —algo que, en principio, podríamos comprender ante la naciente poética catalana. De allí, pues, su acercamiento al simbolismo de la mano de lecturas de clásicos como Hölderlin, Rainer María Rilke, Stéphane Mallarmé y Paul Valéry (a quien conoce en 1924) mediante la publicación de Estances. Llibre segon (1930). Del acercamiento al simbolismo pasará luego a su propia noción de la poesía «como experiencia, como método de pensamiento y de conocimiento; de descubrimiento de yo mismo presente en una estructura que me reproduce en su relación con ‘este nuestro dulce reino terrenal’ y en mi doble naturaleza física y espiritual». Es quizás su Tres suites (1937), escrito entre 1930 y 1935, donde vemos la faceta más purista de Riba: son tres series de sonetos que enfatizarán la íntima introspección necesaria por parte del poeta para poder llevar a cabo su quehacer poético. En la primera serie es el poeta observando un desnudo femenino; la segunda confronta al poeta con la soledad de un espacio cerrado instándolo a la contemplación y a la reflexión; la tercera y última es el poeta buscando en el espacio exterior la contemplación para poder llevar a cabo su propio conocimiento poético mediante la identificación de instantes y emociones.
Como republicano y catalanista, el final de la Guerra Civil lo obliga a exiliarse en Francia durante tres años, en los cuales escribirá Elegies de Biervile que no es más que su acercamiento a la postura poética y política del exiliado. En sus últimas obras, Del joc y del foc (1946), en la que enfatiza la experiencia del instante capturada en una instancia poética, y Salvatge cor (1952), donde se inserta en la tradición de la poesía religiosa, Riba termina de sustraerse definitivamente de los postulados que lo habían visto erigirse como poeta catalán durante el Noucentisme, para arribar a una poesía pura, intelectual y acaso hermética precisamente por su complejidad de forma. Traductor y poeta en tiempos de dictaduras, crisis y guerras, Carles Riba fue uno más de aquellos poetas catalanes que tomó como punto de partida el canto a su propia tierra para luego establecer y sistematizar una nueva voz que, indiferente a las amenazas sociales y políticas, encontraría un nuevo fulgor.