LITERATURA
Por Pedro Carrero Eras
El arte nuevo y la nueva literatura de las primeras décadas del siglo xx trajeron un soplo de modernidad a la poesía y a la creación literaria en general. Lo moderno, lo nuevo, irrumpe en el lenguaje literario desplazando tópicos y lugares comunes propios del xix. El siglo xx es el siglo del deporte, por lo que los escritores vanguardistas a veces tratan el tema deportivo en sus obras, o lo utilizan como ingrediente, y de manera muy especial como recurso para la creación de imágenes y metáforas que toman como referente los deportes. La imagen poética contemporánea se nutre, también, de los deportes. De los muchos ejemplos de imágenes deportivas que tenemos recopilados, veamos una muestra en este de Isaac del Vando-Villar, al describir una especie de carrusel o tiovivo: «Los habitantes jugaban al polo sobre pegasos de madera dorada», o en este otro de Pedro Garfias, en que las horas que pasan son como patinadoras cogidas por la cintura: «Enlazadas del talle / las horas se deslizan / por el skating de la mañana». El fútbol no podía faltar en los referentes metafóricos del lenguaje poético vanguardista, como se aprecia en estos versos de Joaquín de la Escosura, cuando se refiere a una puesta de sol: «De un formidable schott [sic, por shoot] / mandé el sol / a la red del crepúsculo», o en estos otros de Eugenio Montes en su poema Cabaret: «Para jugar al foot-ball / los bailarines buscan la pelota / que nunca lanzarán», pues el juego de las piernas en el baile recuerda las evoluciones de los jugadores de fútbol.
La gimnasia, que nos retrotrae a la Grecia antigua y está unida, como actividad deportiva más importante, al nacimiento de las Olimpiadas de la Era Moderna, tampoco podía estar ausente. Los escritores vanguardistas no pueden, aunque quieran ser originales, romper del todo con el mundo clásico, con la clasicidad. De hecho, una revista ultraísta de Sevilla se llama Grecia. Son frecuentes las imágenes que tienen como referencia la gimnasia en la poesía de los vanguardistas españoles, como Vando-Villar, Eugenio Montes, Pablo Christi, José de Ciria y Escalante y Ernesto López Parra.
En la iconografía de la poesía y de la prosa vanguardistas entran nuevas figuras: surge el sportsman, pero también la sportswoman. La mujer deportista es una de las modalidades de la heroína vanguardista, por supuesto más independiente y liberada que la mujer tradicional: es esa mujer que juega al tennis, nada, monta a caballo, esquía, patina, conduce automóviles… Lo deportivo suele desarrollarse en ambientes refinados, un tanto snobs, propios de los clubs de la época, donde con frecuencia se emplean extranjerismos, y, sobre todo, anglicismos. A través de la prensa y el cine la influencia de Estados Unidos y de los arquetipos del hombre y de la mujer modernos se hacen cada vez más patentes.
El vanguardismo es un caldo de cultivo estético que está en las raíces artísticas de la llamada Generación del 27. Así que no es extraño que los deportes figuren, a veces, en la poesía de estos autores. Pero en ellos lo deportivo madura, y adquiere unos caracteres menos deshumanizados que en los vanguardistas. Al hablar de este asunto siempre recordamos el épico poema Platko, de Rafael Alberti, dedicado a un famoso portero de fútbol. También de Alberti son los poemas Balada de la bicicleta con alas y Nadadora. Aleixandre dedica un Retrato a una patinadora. Gerardo Diego y Jorge Guillén tienen varios poemas dedicados o relacionados con los deportes. Y con frecuencia, en estos poemas, aparece la figura de la mujer, lo que demuestra su progresiva participación en los deportes. Como desde los orígenes de la lírica, una vez más, el poeta canta a la mujer, se siente atraído por ella, pero el referente femenino ha cambiado, pues ahora se trata de la nueva Eva, de la Eva vanguardista.