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Viernes, 12 de marzo de 2010

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LITERATURA

Aquí, rompiendo endecasílabos (III)

Por Carlos Matta

¿Quién es el enorme Raúl Gai? En la Biblioteca del soneto del Cervantes Virtual aparece, bajo un aséptico «España. Siglo xx. Poeta», como responsable de un monovocalismo en a cuyo primer cuarteto dice: «Amada, abrasa las cansadas alas / alzadas a la blanca paz astral; / ¡para ya, falsa dama tan fatal! / ¡Ya bastan las mal dadas alcabalas!». El texto ya lo citaba Agustín de Aguilar y Tejera en sus Curiosidades literarias. Las poesías más extravagantes de la lengua castellana, Madrid: Calleja, s.a. [¿ca. 1923?] y, puesto que el ingenuo editor lo creía única muestra hispana de soneto monovocálico, lo indultaba a regañadientes con un paternalista «Lo estrecho de la condición impuesta al autor explica, ya que no justifique, lo pésimo de los versos».

Aguilar recoge otros poemas similares de Gai; entre ellos, el soneto compuesto por monosílabos Diálogo entre la cruz y el alma, cuya transcripción completa cabe en una línea: «Ten / paz; / haz / bien. // ¿Dó / vas? / Yo / tras // ti, / Cruz, / luz // de / mi / fe».

Pero el poema más increíble de Gai es, tal vez, este semisoneto retrógrado:

Esto todo eres tú, tú eres todo esto:
delirio encantador, rosa temprana;
esencia suave, celestial, lejana;
enhiesto torreón, árbol modesto;

lirio celeste, terrenal escoria:
clemencia maternal, dura cadena;
gloria, infierno; mal, bien; dolor y pena,

Se acabaron los sonetos modernistas de trece versos. Con siete es suficiente: tenemos de sobra para ir y volver sin que se pierda ni un poco de elegancia.

Veamos. La lectura del poema es trivial hasta el séptimo verso: «gloria, infierno; mal, bien; dolor y pena». Como mandan las reglas y los nombres, a partir de ahora el buen lector retrógrado tiene que volver sobre sus pasos palabra por palabra: «pena y dolor; bien, mal; infierno, gloria; / cadena dura, maternal clemencia: / escoria terrenal, celeste lirio», etcétera, hasta llegar al verso final que, oh sorpresa, coincide con el primero y cierra el poema con una perfecta simetría: «esto todo eres tú, tú eres todo esto». Si consideramos las rimas del soneto resultante, comprobaremos que nada rechina: ABBA CDDC EFG EFG; en cuanto a la nueva disposición del texto, apenas difiere de la anterior, formada casi en su totalidad por nombres y adjetivos intercambiables.

Pero lo mejor es —ya lo hemos visto otras veces— el mantenimiento de los ritmos clásicos en cada endecasílabo: por delante y por detrás, todos los versos se leen bien, con acentos esenciales en sexta o bien en cuarta y octava sílabas. ¿Cómo se ha conseguido?

El problema es complejo y simplemente lo dejaremos esbozado. Podemos considerarlo por partes, o sea, por sintagmas. Salvo el primer verso —igual en ambos sentidos— y el último, todos están formados por dos parejas de sustantivo más adjetivo que tienen cinco o seis sílabas (los versos segundo, cuarto y sexto, con esquema 6+5; el tercero y el quinto, con 5+6). Por otro lado, todos los grupos hexasílabos tienen una palabra aguda, que añadirá una sílaba más al cómputo cuando se encuentre al final.

Sucesivas lecturas atentas nos mostrarán, por ejemplo, que hay varios grupos idénticos no solo en su prosodia, sino también en su disposición silábica (algo esencial en este caso, puesto que cambiarán de orden). Así, las cláusulas pentasílabas «rosa temprana», «árbol modesto», «lirio celeste» y «dura cadena», bisílabo más trisílabo con acentos en primera y cuarta (1.4.), darán lugar a «temprana rosa», «modesto árbol», etc.: siempre trisílabo más bisílabo con acentos en 2.4.

Por supuesto, la lectura «matemática» del poema no se agota aquí. Quien le dedique un poco más de tiempo descubrirá una diéresis que solamente se realiza en el camino de vuelta; o comprobará que ciertos acentos, extrarrítmicos en un sentido, son capitales para construir el verso en el otro y viceversa. Por el momento, basta lo dicho para demostrar que la constricción más difícil, esa que suele pasar desapercibida si no estamos atentos, es la que hace de Gai un poeta plenamente consciente de su labor.

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