Literatura
Por Luis Alonso Girgado1
En 1968 el general Juan Velasco Alvarado daba un golpe de Estado con el que destituía al presidente Fernando Belaúnde Terry (que volvería a la presidencia de Perú doce años después) y emprendía una aventura política de tipo dictatorial que se anunciaba como «revolucionaria» bajo los signos del nacionalismo y el reformismo y se concretaba en tentativas nacionalizadoras de la industria del petróleo y reformas en el sector agrario y en la prensa. El novelista arequipeño Jorge Eduardo Benavides, que está en el empeño de diseñar el mapa sociopolítico de su país en la segunda mitad del pasado siglo (con algún alcance incluso en el actual), ha escrito, en Un millón de soles (Alfaguara, 2008), la crónica narrativa de ese periodo revolucionario de Velasco Alvarado, rematado por un nuevo golpe de Estado de sus compañeros de generalato.
País inmerso todavía hoy en muy graves problemas de todo tipo (raciales, sociales, económicos, políticos), Perú ha tenido en novelistas como José M.ª Arguedas, Julio R. Ribeyro, Ciro Alegría o Mario Vargas Llosa voces críticas que han testimoniado algunos graves «males de la patria», pero acaso ninguno de ellos ha configurado un proyecto tan vasto, una radiografía tan global y precisa en lo social y político como Jorge E. Benavides, que culmina ahora la trilogía inaugurada con Los años inútiles. Así pues, Un millón de soles es, en esencia, una novela política, un nuevo ejemplo de novela del dictador (todo un género en las letras de Hispanoamérica), pero, sobre todo, es una historia referida al ejercicio del poder político desde el acontecer trivial y cotidiano hasta los más graves problemas de la vida del país, pasando por trampas, tramas, secretos y laberintos fraguados en el ejercicio político y en el cortejo de corrupciones, crímenes y excesos de todo tipo destinados a la perpetuación en el poder «a como dé lugar».
Combinando una óptica general y otra particular, una interna y otra externa, una pública y otra privada —historia e intrahistoria—, el novelista va desenvolviendo, en un in crescendo destructivo, los episodios del «proceso» revolucionario protagonizados por un limitado pero variopinto personaje-grupo integrado por espadones del generalato y algún maquiavélico «doctor». Conspiraciones, deslealtades, arribismo, rivalidades y afanes de poder arman una movediza trama que tiene continuado contrapunto en las partidas de cartas y en algunas oscuras pasiones y delirios sexuales de algunos otoñales jerarcas cuarteleros.
El tono bien equilibrado, bien definido en el narrar y la palpable homogeneidad del lenguaje narrativo junto con la amena combinatoria de motivos narrativos, escenarios y personajes y, sobre todo, el mantenimiento del andamiaje de la trama en su conjunto hacen de Un millón de soles una novela compacta, sin fisuras, bien dosificada en la intriga y convincente, además, por el posicionamiento de observador que el narrador adopta ante una corte política no poco patética, guiñolesca en algún aspecto, pero finalmente destructiva y terrorífica. Es esta, en suma, una novela atractiva, interesante y bien escrita. Para mucho más que entretener, aunque también eso consigue en muy buena manera.