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Jueves, 12 de marzo de 2009

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Literatura

Libros clave de la narrativa hondureña (VI).
Una función con móbiles y tentetiesos

Por José Antonio Funes

Marcos Carías Zapata (1938), reconocido narrador e historiador hondureño, pertenece a una generación que desde finales de la década de 1960, bajo la influencia del boom latinoamericano, establece nuevas propuestas estéticas en la escasa producción narrativa hondureña. Una función con móbiles y tentetiesos (1980) rompe con todos los esquemas de la escritura (y de la lectura) en la narrativa del país. El mismo título resulta provocador, enigmático, pues parece que en él se han colado un error ortográfico y una palabra de una cacofonía insufrible. Pero éste es sólo el comienzo, nadie espere encontrar un argumento en esta obra, pues carece de linealidad anecdótica. Si toda novela es una biografía, en ésta hay miles de biografías dispersas, discontinuas, una en cada una de las múltiples voces que la componen como un rompecabezas imposible de armar, pero no de entender, si se entiende que en una novela el personaje también puede ser el lenguaje.

Si existe una novela compleja en Honduras, es ésta de Marcos Carías, la que podríamos considerar la primera novela urbana del país, pero también formalmente la más arriesgada. Obra hecha de retazos de realidad(es), de una pluralidad de voces dispersas en el ámbito capitalino. Pero no por su complejidad formal, por su arriesgada experimentación narrativa esta obra carece de elementos referenciales: allí están las huelgas, los mítines, los conflictos sentimentales, las burlas, las chanzas contra la clase media y la burguesía decadente, la crítica mordaz contra la mediocridad reinante. Una obra donde los discursos, desde todos sus niveles sociales y lingüísticos, se entremezclan, se atropellan, se confunden… Reflejo de una ciudad también caótica: «una ciudad que hemos construido sin saber cómo…», dice uno de los narradores.

Como Joyce en el Ulises, Una función con móbiles y tentetiesos hace uso de un punto de vista múltiple para abarcar en lo posible cada situación, por muy intrascendente que parezca. Sólo que en la obra del autor irlandés hay personajes reconocidos que nos marcan una ruta en el tránsito de la narración, mientras en la novela de Carías sólo escuchamos voces, como un micrófono abierto que se pasea por cada punto de la ciudad. Una ciudad en la que pasa de todo, pero también donde «no pasa nada». Ya el autor se ha referido a este aspecto: «se trata de una novela situacional, sobre lo que está pasando. El problema es que no está pasando nada». Una frase más para despistar, pues una lectura atenta permitirá descubrir que detrás del aparente caos hay un orden impuesto en el sintagma del relato, una intención que va más allá de la reproducción «en bruto» de los lenguajes que se pasean en cada rincón de la sociedad capitalina: una búsqueda de identidad. Es decir, quiénes somos en medio de esa multitud de voces, quiénes son los otros, qué es la ciudad de Tegucigalpa, el país en general. De hecho, no se pueden ignorar los matices políticos en la novela de los años setenta, sobre todo en el contexto de un proyecto revolucionario centroamericano.

Marcos Carías Zapata con esta obra vuelve a los orígenes del relato, es decir a la oralidad, sobreponiéndola al discurso escrito. El autor arriesga a quedarse sin lectores, pero también, confiado en Joyce y en Cortázar, sabe que en el género novelístico basta con salvar el lenguaje. Una obra para leer línea a línea, pero para saber leerla entre líneas. Un «modelo para armar» donde cada fragmento cuenta para construir y deconstruir discursos que son la expresión de representaciones colectivas de algunos sectores: medios de comunicación, políticos, educadores, modelos de belleza, militares, doctores, revolucionarios, deportistas, religiosos… Por supuesto, detrás de cada uno de los discursos seleccionados por el narrador en Una función con móbiles y tentetiesos, hay un elemento que resulta obvio, y que constituye el instrumento fundamental para proveer de valor estético la totalidad del texto novelístico: la ironía. Y con ella se cuestiona esas visiones mediocres del mundo de una sociedad en crisis, la de una ciudad fragmentada en todos sus órdenes, morales y sociales. Una función con móbiles y tentetiesos es «la novela más ambiciosa que se ha escrito en Honduras», como señala el crítico guatemalteco Arturo Arias. Un criterio muy valioso, sobre todo si viene de fuera de Honduras, donde esta obra, a falta de lectura, no ha sido suficientemente valorada.

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