Literatura
Por Luis Alonso Girgado1
Sigue la editorial Páginas de Espuma empeñada en la difusión del cuento de autores españoles o hispanoamericanos, con dos muestras del género. La primera es Hasta luego, míster Salinger, de Juan Carlos Méndez Guédez, venezolano de Barquisimeto y afincado en España desde hace años. Recuerdo haber escrito sobre él, que no se prodiga mucho, siempre al filo de la novela o el cuento, y es una pena, porque escribe bien, casi siempre a la sombra de su peripecia biográfica, con seguridad buena fuente de anécdotas, recuerdos y personajes de todo tipo, vertidos ahora en la ajustada docena de narraciones (en general de mediana extensión) que reúne en su citado libro.
Personalmente, estas historias de Hasta luego, míster Salinger me evocan un título, Áspero mundo, del gran poeta asturiano Ángel González. Áspero, duro, trágico incluso resulta ser el factor cosmovisionario en que el escritor desemboca aquí, en sus turbias fabulaciones en las que la técnica poco o nada tiene que decir y donde la vida se palpa en escenarios americanos o canarios, con dolorosa palpitación, con inusitada verdad, con su desnudez a la vista o en la revelación de intimidades secretas, destructivas, inquietantes. Todo este material narrativo, vida vivida y observada, realidad evocada incluso con algún toque de ternura, se nos transmite con un lenguaje vivamente sencillo, fuerte en su expresividad, directo; un lenguaje con el que el escritor narra a bien medido compás, sin que nada decaiga, hasta culminar en lo que es clave y constante aquí: lo desastrado del final, la mirada destructiva del cierre, el quiebro definitivo que conduce todo a su naufragio. El resultado del conjunto: un muy buen libro de cuentos, ni más ni menos.
Más breves y más numerosos (suman más de una veintena, con el añadido de un «Apéndice para curiosos») son los cuentos que el argentino Andrés Neuman (siempre habrá que recordar sus novelas Bariloche y Una vez Argentina) agrupa en El último minuto, título significativo por lo que hace a un específico modo de ser (un desvío, una concentración, un impacto, un contraste, etc.) del tramo final de sus varias y distintas tramas, mecanismo que el escritor manipula con efectividad y con el que consigue, de una parte, realzar lo narrado hasta el momento y, de otra, sorprender al lector.
Se le nota el oficio, el buen oficio de narrador a Andrés Neuman en estas páginas de notable buen pulso contador, de muy homogénea y limpia prosa, de asuntos y personajes disímiles y aun opuestos: algunos de estos relatos son ejercicios de recreación de materia literaria; otros, ejercicios de ascendencia imaginativa y, en algunos casos, frutos de la memoria personal. Con cierta frecuencia, el elemento fantástico hace su aparición en contextos de signo realista.
El último minuto es un libro ameno y variado, bien escrito, con destellos de inteligencia literaria. Neuman parece tener una extraordinaria facilidad para escribir. Parece, digo. En todo caso, no debe dejarse llevar por ello. Aquí, hay algún texto que no remonta, que no culmina. La autoexigencia debe estar siempre alerta para evitar que logros e intentos vayan juntos. El balance final es, sin embargo, de notable interés.