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Martes, 25 de marzo de 2008

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Arte / Claroscuro

Louis Alincbrot (I): Brujas-Valencia

Por Juan Carlos Ruiz Souza

Qué difícil es en ocasiones poder centrar la obra de ciertos artistas, que conocidos por su nombre, calidad y origen, no han dejado obras firmadas para salvar las más terribles dudas de autoría.

Ilustración. Louis Alincbrot (s. XV): «Anunciación. Tríptico de la Crucifixión (cerrado)» (detalle)

Louis Alincbrot (s. xv): Anunciación. Tríptico de la Crucifixión (cerrado) (detalle)
Tabla, 78 x 66 cm cada una Núm. de inventario: 2538

Este es el caso del excepcional pintor, Louis Alincbrot, que estuvo trabajando en la sorprendente, rica y dinámica Valencia del siglo xv, sin duda la ciudad más importante de todo el Mediterráneo occidental del momento. La capital del Turia vivió años apasionantes de comercio y arte. En ella se dieron cita obras de artistas hispanos, y de los mejores lugares de producción como fueron Italia y los Países Bajos. Junto al nombre de Alincbrot cómo no recordar los de Paolo da San Leocadio, Rodrigo Osona, Joan Reixac, Francesco Pagano, Berthumeu Baró, etc., así como de obras tan sobresalientes como la extraordinaria tabla de la Virgen de las Fiebres de Il Pinturicchio llegada a Valencia desde Roma de la mano de Francisco de Borja para su capilla de Játiva. El caso de Alincbrot es terrible. Su vida fue descubierta en el segundo tercio del siglo xx gracias a las investigaciones de Duverger y de Sanchís Sivera. Se descubrió que procedía de Brujas, donde conoció indudablemente la obra del genial Van Eyck, y pudo documentarse como pintor activo en Valencia entre 1439 y el inicio de la década de los sesenta del mismo siglo xv. ¿Y su pintura? ¿Dónde esta?

Afortunadamente conocemos bastante bien los archivos bajomedievales de la Corona de Aragón en su conjunto, lo que nos ha permitido esbozar los nombres de todos los artistas más importantes que estuvieron allí trabajando. La riqueza de Valencia permitió la existencia de patronos que facilitarían la llegada de renombrados artistas de lejanos lugares, también de la famosa Brujas. El trabajo era complicado, pero no imposible. Fue necesario buscar tablas de las décadas centrales del siglo xv, procedentes de Valencia, y en las que por su calidad pudieran estudiarse incluso elementos que nos llevasen a Brujas y a las obras maestras de Van Eyck, el gran maestro de la ciudad que marcó a todos los pintores de la zona. Así llegamos a ciertos trabajos como el magnífico Tríptico de la Crucifixión conservado en el Prado, procedente del convento de la Encarnación de Valencia. Su análisis estilístico reclama su carácter brujense fuera de todo tipo de dudas, y si sólo había en Valencia un pintor de similar origen y cronología, supuestamente de extraordinaria calidad, comparable a la del mencionado Tríptico, muy presumiblemente podríamos ya comenzar a elaborar unas líneas técnicas del artista.

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