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Jueves, 6 de marzo de 2008

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LITERATURA

Solares de mujeres: las novelas de César Duayen

Por Norma Alloatti

¿Quién es César Duayen? La cuestión flota en la curiosidad de los porteños cuando Stella salió de la imprenta Moen, en la primaveral Buenos Aires de 1905. La inquietud de la prensa desvela que una mujer es la autora, aunque ella insista en mostrarse bajo firma varonil.

Emma de la Barra nace en Rosario, en enero de 1860. Sus padres, Federico de la Barra y Emilia González, le legaron una vasta cultura letrada: él funda en 1854 La Confederación, primer periódico rosarino, mientras que Emilia aporta experiencia teatral adquirida en la Compañía Dramática, emparentada con el afamado actor Juan José Casacuberta. En 1884, se casa con su tío Juan Francisco de la Barra. Durante este matrimonio, Emma participa en la vida pública de diferentes maneras. Así, invierte dinero propio en la construcción de las «mil casas de Tolosa» (1886), considerado el primer barrio con viviendas para obreros que tuvo Sudamérica. Además, se relaciona con actividades culturales: participa en veladas líricas, impulsa la Sociedad Musical de Santa Cecilia y junto a Schiaffino organiza la Exposición Hume de colecciones artísticas, antecedente del Museo de Bellas Artes. Más tarde, realiza tareas de traducción y periodismo tal como hace con Novia de abril, de Guy de Chantepleure. Es probable que se haya ocupado de editar dos libros escolares que aparecen con el sello «Juan E. Barra». Ella misma incursionará en el género con El manantial, publicado por Estrada como libro de lectura (1907).

Con la novela Stella, la Duayen sortea los caminos de las viriles ediciones porteñas y logra un vasto reconocimiento público que tal vez deseara más literario. Una decena de ediciones en el mismo año motiva a la casa editora Maucci para que le anticipe dinero para otra obra. Alentada por su segundo marido Julio Llanos, presentará Mecha Iturbe en 1906. Buena parte de la crítica que alabara su primera novela no supo disimular su disgusto cuando apareció la segunda.

El éxito la acompaña, en cambio, en su viaje a Europa. En 1908, Fratelli Treves de Milán, edita Stella: romanzo argentino; prologada por De Amicis y traducida por Parisi, reeditada asimismo en castellano. En 1910, la Biblioteca Internacional de Obras Famosas, publica un fragmento de Stella, alude a la autora como «la más celebrada novelista de Sud América», acercándola a lo más granado de la literatura de entonces (Menéndez y Pelayo, Zola, Unamuno, Pardo Bazán, etc.). La difusión de Stella le vale la admiración de autoras noveles como Gabriela Mistral, quien lo demostrará al dedicarle el poema La oración de la maestra (1925).

Con el tiempo, el mérito inicial de Duayen se desvanece aunque Stella es reeditada varias veces y una versión resumida sirve como guión para el film homónimo, dirigido por Benito Perojo, estrenado en 1943.

En 1933 publica Eleonora y en 1943 La dicha de Malena. Colabora en las revistas El Hogar y Caras y Caretas. Sus relatos, de factura despareja en cuanto a estilo, sin embargo, coinciden en colocar las voces femeninas en el espacio público, y así, a través de la ficción Duayen sostiene miradas que otras escritoras desarrollarán más tarde. En años recientes, la revisión de su obra por estudiosas de la historia del género y la literatura de mujer detecta en Stella y, en menor medida en las otras novelas de Duayen, una caracterización de los personajes femeninos con roles activos en la vida familiar y en la actividad pública. En las investigaciones de Sosa de Newton, Mizraje, Fletcher, Frederick, Masiello, Berg, Szurmuk, Nari, entre otras, se descubre que los temas recurrentes que De la Barra escoge en sus ficciones dan mérito a una relectura de sus textos en tanto ellos sostienen propuestas reivindicadoras del papel femenino en la sociedad.

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