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Jueves, 22 de marzo de 2007

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Cine y televisión

Rosas de otoño

Por Carolina Franquiz

Rosas de otoño (1943) basada en una obra de Jacinto Benavente fue dirigida por Juan de Orduña. Si alguna película puede resumir el pensamiento de una época en cuanto a lo que debía ser el matrimonio y los roles de esposo/esposa, es esta.

Aunque los personajes principales pertenecen a una clase alta, no se salvan de tener que entrar en el esquema de comportamiento típico, especialmente la mujer. Ella debe ver, oír, callar, aguantar y además aleccionar a otras en este modo de ser.

Isabel es la madrastra de María Antonia, ambas se llevan muy bien, pero las dos sufren el mismo problema, sus maridos le son infieles con todo descaro. La mayor aguanta con solemne dignidad, pero la más joven no está dispuesta a soportarlo más y decide buscar otro hombre que sí la aprecie tal cual es. Hasta aquí llega lo común en ambas mujeres, porque Isabel, quien representa la adultez, por lo tanto la experiencia, hará todo lo posible para que su hijastra, quien simboliza la juventud y la inexperiencia, no cometa tal locura.

La mayor parte del tiempo, Isabel produce lástima entre sus amigas por sufrir los desplantes de su esposo, sin embargo ella lo justifica constantemente, porque piensa que él hace daño sin saberlo. Los hombres, pobrecitos, actúan como adolescentes inmaduros que hacen lo que hacen porque su naturaleza los avoca a ello.

Al trasladar la obra de Benavente, se reitera constantemente la moralina explicada anteriormente y el resultado es poco cinematográfico, no sólo por los diálogos larguísimos, en ocasiones monólogos, sino también por la disparidad en el tono actoral. María Fernanda Ladrón de Guevara, quien interpreta a Isabel, resulta discursiva y excesivamente teatral. Julia Lajos, sin embargo, a pesar de su teatralidad resulta más creíble y simpática. La actriz hace el papel de Laura, una mujer rica y soltera, personaje a quien sí se le permite expresar su deseo por los hombres quizás ¿porque es mayor, poco esbelta y muy rica? Ella se compara abiertamente con el esposo de Isabel, dice que es como él, a ambos los rejuvenece el amor y ambos pasan de uno a otro. Sin embargo para que quede claro el mensaje de la película, el mismo personaje justifica su forma de ser porque: «Las mujeres somos locas, débiles, hacemos caso del primero que llega... Yo debí haberme casado, las mujeres solteras estamos sujetas a unas crisis sentimentales...»

No tiene desperdicio el diálogo entre Isabel y María Antonia cuando la primera se da cuenta que su hijastra está a punto de irse con otro hombre.

Isabel
Cuando cumplimos con nuestro deber no debemos llorar... Tú sólo quieres a tu marido, Federico es la tentación que surge en toda mujer a quien su marido descuida.
María Antonia
Pepe no me quiere, en su vida no represento nada.
Isabel
No estás segura de ello, pero aunque fuese cierto su culpa no justifica la tuya.
María Antonia
Tengo derecho a ser feliz.
Isabel
Con tu marido, él te quiere y volverá a ti. Se vuelve siempre a la mujer propia, esta seguridad es quizá la única esperanza que nos consuela de muchas horas de abandono. El final de cualquier aventura es volver al hogar, sólo allí encuentran los hombres lo que han perdido, la dignidad. Una mujer casada no puede tener más amor digno que el de su marido.
María Antonia
Yo no puedo querer a Pepe mientras sé que él piensa en otra mujer.
Isabel
A veces el verdadero amor es sólo sacrificio.
María Antonia
Tú sufres.
Isabel
Yo espero, espero siempre. Cuando hemos entregado la vida a un solo amor vivimos por él, para él. Confía en mí. Yo no soy precisamente una mujer que se resigna, sé luchar si es preciso. Pepe volverá a ti. Yo quiero que seas feliz pero con la cabeza alta.

Toda la secuencia está acompañada por una monótona y reiterativa melodía de violines para hacer llorar, porque, efectivamente Isabel sabe luchar, pero no por su bienestar real, sino como una fiera para mantener el statu quo. Logra que María Antonia sacrifique su felicidad, su libertad por mantener la sagrada institución del matrimonio, que en este caso está cimentado en la mentira.

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