Centro Virtual Cervantes

Rinconete > Arte
Martes, 28 de marzo de 2006

Rinconete

Buscar en Rinconete

ARTE / Claroscuro

De Mantua a Madrid pasando por Londres

Por Susana Calvo Capilla

Si hay algo más apasionante que el proceso de creación de un cuadro es, sin duda, la historia de este una vez que sale del taller del artista. Un caso paradigmático es esta obra que hoy expone el Museo del Prado. Desde que la pintara Rafael en 1518, con independencia de si la acabó él o su alumno Giulio Romano, ante los ojos de esta Sagrada Familia han pasado parte de la historia de Europa y muchos de sus protagonistas.

Fue, al parecer, un encargo de Ludovico Canossa, obispo de Bayeux, a Rafael poco antes de la muerte de éste en 1520, lo que explica el tono leonardesco de su estilo (composición piramidal y fuertes contrastes lumínicos). En 1604, un descendiente de Canossa cedió el cuadro a Vicenzo Gonzaga, el poderoso duque de Mantua, a cambio de un marquesado. Pero la fortuna de los Gonzaga tornó en crisis al poco y hacia 1923 corrió la voz de que el duque Ferdinando, obligado por las deudas, tenía que vender parte de su colección. Por la cercana Venecia pululaban avispados marchantes que avisaron de ello a los coleccionistas europeos, entre los cuales se hallaban dos de los más grandes nunca conocidos, Felipe IV, rey de España, y Carlos I, rey de Inglaterra. Este último, obsesionado por igualar la colección de pintura del monarca español, no quiso perder la oportunidad y en 1625 envió a Mantua a Nicholas Lanier, un pintor aficionado que debía examinar los cuadros. Para negociar, se contrató a un astuto y experimentado comerciante de armas, antigüedades y arte llamado Daniel Nys, afincado en Venecia, que ya había trabajado para el embajador inglés. Entretanto, murió el duque Ferdinando y su sucesor, poco amante del arte, cerró el trato con Nys; fue un negocio redondo: 16 000 libras por un lote de cuadros en el que figuraban nada menos que esta Sagrada Familia,de Rafael; la Muerte de la Virgen,de Mantenga; el Asunto místico,de Andrea del Sarto (Museo del Prado); la Educación de Cupido, de Correggio (National Gallery de Londres) o la Muerte de la Virgen,de Caravaggio (Museo del Louvre, París), entre otros.

Carlos I fue ejecutado en 1649, demasiado pronto para poder lograr su objetivo. No sólo eso, pues, por ironías del destino, tras su muerte parte de su colección acabó en manos de Felipe IV, su rival artístico. Así volvieron a Madrid los Tizianos que recibió en su visita a la corte española en 1623 (uno era el Carlos V con un perro). En cuanto a las obras procedentes de Mantua, el embajador español en Londres, D. Alonso de Cárdenas, compró algunas para don Luis de Haro, valido de Felipe IV. Entre ellas estaba la Sagrada Familia de Rafael, por la que pagó 1000 libras, la mitad del precio tasado, adelantándose al agente de Mazarino, que andaba tras ella y que llegó a ofrecerle más dinero por cedérsela. Ya en Madrid, don Luis regaló el lienzo al rey y Velázquez, el «conservador» de la colección real, dijo al examinarlo: «Es una cosa muy grande». Orgulloso de su compra, que en adelante se consideró «la Perla» de la colección real, el valido la colocó en el aposento de Felipe IV para darle una sorpresa a su vuelta de El Escorial.

Ver todos los artículos de «Claroscuro»

Centro Virtual Cervantes © Instituto Cervantes, . Reservados todos los derechos. cvc@cervantes.es