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Lunes, 13 de marzo de 2006

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Lengua / Tópica

Canarias y sus topónimos (I)

Por Jairo J. García Sánchez

Canarias, Gran Canaria, Fuerteventura, Lanzarote, El Hierro, La Gomera, La Palma, Tenerife

Antes de pasar a analizar los topónimos de las poblaciones canarias, es obligado explicar el origen del nombre del archipiélago, para muchos seguramente insospechado. Las Islas Canarias, descubiertas y conquistadas por los españoles a lo largo del siglo xv, se denominaron así en buena medida por su identificación con unas islas mencionadas, entre otros, por el historiador latino Plinio el Viejo. Este autor relató la expedición impulsada por el rey númida Juba a unas islas en las que se halló una gran cantidad de perros, y que, por tal motivo, recibieron el nombre de insulae Canariae ‘islas perreras, abundantes en perros’. En efecto, el apelativo es un derivado en plural, con el sufijo -arius, -a (que en castellano ha dado paso al sufijo -ero, -a), del lat. canis, ‘perro’. El hecho es que cuando los españoles descubrieron las islas, situadas a más de mil kilómetros al suroeste de la península ibérica, llamaron a una de ellas Canaria, posiblemente también por reinterpretación de una voz prehispánica. Esta isla, que hoy recibe el nombre de Gran Canaria —con propiedad, aun no siendo la mayor en extensión—, sirvió de referencia para todas las demás, y por eso, aunque las islas fueron asimismo conocidas como Afortunadas o Bienaventuradas por otras referencias clásicas y por sus favorables condiciones naturales, el nombre latino de Canarias, por las «islas de Canaria», acabó prevaleciendo.

Además de Gran Canaria, forman el archipiélago otras seis islas importantes y numerosas menores. De las primeras, varias deben su nombre a las expediciones de europeos y españoles que fueron descubriéndolas. Es el caso de Fuerteventura, topónimo de tipo propiciatorio impuesto por los europeos que llegaron desde el continente. Lanzarote, asimismo, parece provenir de la expedición —una de las pioneras a las islas— que llevó a cabo el italiano Lancilotto (Lanzarote) Malocello a principios del siglo xiv.

En cuanto a los nombres de las islas occidentales, El Hierro encontró su motivación en la forma de herradura de la isla; la documentación como Fer que se recoge en los primeros mapas mallorquines así lo atestigua, ya que en antiguo mallorquín la palabra significaría precisamente eso, ‘herradura’; Hierro sería, curiosamente, una traducción no del todo correcta desde esa primera forma. La Gomera, en cambio, es un derivado de goma, en alusión a la que se extrae del lentisco que allí abunda; y La Palma debe el nombre al árbol de la palma o palmera, tan característico de estas islas (cf., además, Las Palmas de Gran Canaria).

Por lo que respecta a Tenerife, adelantaremos aquí que se trata de un genuino topónimo guanche y, por tanto, prehispánico, cuya motivación se halla en el elemento de referencia fundamental de la isla, el volcán Teide. De hecho, el nombre se superpuso finalmente al de Inferno, que era el que habían impuesto los europeos por la imagen que evocaban las llamaradas que salían del volcán. Tendremos ocasión de volver sobre este topónimo, así como sobre varios otros de localidades canarias, en capítulos siguientes.

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