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Manzanero reinventó
el bolero


Miércoles, 16 de marzo de 2005


Por Pilar Tafur

Cuando irrumpió la balada en el ámbito musical latino, a mediados del siglo veinte, el bolero, hasta entonces monarca absoluto de la música romántica en Hispanoamérica, sufrió un serio revés y quedó relegado a unos cuantos locos que seguían suspirando por los temas de Agustín Lara, María Grever, Guty Cárdenas, Ernesto Lecuona y Miguel Matamoros.

El bolero había dejado de conmover al respetable público, o los compositores no lograban conectar con los consumidores de música para enamorados.

La década de los sesenta, con el marco de la guerra de Vietnam, el Che Guevara, la minifalda, los Beatles y la cultura hippie, se mostraba esquiva con el bolero. Pero en 1967 irrumpió en el panorama musical un disco que revolucionó la industria discográfica y volvió a situar al bolero en la cúspide. El autor y cantante de todos los temas era un mexicano, pequeñito y sonriente llamado Armando Manzanero, conocido en el medio por componer baladas y temas roqueros para cantantes de la Nueva Ola como Enrique Guzmán y César Costa.

Manzanero, nacido en Yucatán, México, en 1935, había sido durante años pianista de cantantes como Lucho Gatica y Pedro Vargas. En 1967, entusiasmado por la acogida que sus canciones gozaban en la voz de otros artistas, se arriesgó a publicar su primer disco como cantante. El resultado fue espectacular: casi todos los temas fueron éxitos clamorosos. Desde Nuevo México hasta la Patagonia se escuchaban sus canciones: Somos novios, Adoro, Esta tarde vi llover, Contigo aprendí... Muy pronto los mejores intérpretes del mundo las incluyeron en su repertorio en versiones en inglés, francés, italiano y otros idiomas.

Empieza entonces una fecunda producción melódica de Manzanero, que crea una nueva escuela en el modo de hacer bolero: letras urbanas, mucho más cotidianas, prosaicas y sencillas, y énfasis en el sentimiento de la interpretación más que en la voz:

Esta tarde vi llover,
vi gente correr,
y no estabas tú...

Empezaba a declinar el siglo veinte cuando el bolero volvió a mostrar síntomas de saturación. La salsa y el pop acaparaban la atención de las casas disqueras y el bolero se acomodaba como música para la tercera edad.

Pero de nuevo Armando Manzanero logró que el bolero tomara vuelo. Para ello recurrió a un ídolo de la juventud, el mexicano Luis Miguel, que había hecho carrera estelar en el rock y la balada. Manzanero lo convenció de que interpretara boleros viejos con arreglos orquestales modernos. Fue así como el disco Romántico provocó un vuelco en el derrotero de Luis Miguel y un resurgimiento del bolero entre el público de tres y más generaciones.

Jóvenes de vaqueros y zapatillas deportivas entonan ahora El día que me quieras como lo hicieran con Carlos Gardel sus abuelos. Y susurran a su pareja Reloj no marques las horas como lo hicieron sus padres con Lucho Gatica.

Hoy por hoy, camino a sus setenta años, Armando Manzanero se da el lujo de remozar sus mejores boleros con la producción de Duetos, disco que ha grabado de la mano, o mejor, de la voz de los ídolos de la juventud actual.

 


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