ARTE / Claroscuro
Por Susana Calvo Capilla
De procedencia desconocida son los cuatro relieves con representaciones de m énades conservados en el Museo del Prado. Las ménades eran las mujeres poseídas o furiosas que componían el cortejo de Dionisos, también llamadas thyadas (‘inspiradas’) o bacantes por los romanos, por ser las mujeres de Baco, nombre romano de Dionisos. Practicaban su culto al dios en la montaña, celebrando orgías en las que se embriagaban, cantaban, bailaban y tocaban instrumentos musicales como el pandero o el címbalo. Otros elementos que las identificaban eran el tirso, una vara terminada en una piña o en hojas de hiedra que Baco usaba de cetro, y un cabrito que sujetan por las patas. A veces aparecen ataviadas con pieles, con coronas de hiedra, serpientes o racimos de uva. Es frecuente que en los relieves clásicos como los del Prado las m énades vayan vestidas con un ligero chitón que deja traslucir su anatomía y que, con el plegado al viento, acentúa el frenesí de su baile.
Estas mujeres eran consideradas seres espirituales que alcanzaban el éxtasis místico con sus danzas orgiásticas, compartiendo así los misterios de Dionisos en su faceta de inspirador de las artes y de dios del mundo de ultratumba. En Atenas las celebraciones en honor a Dionisos se llamaban «grandes dionisiacas»; en Roma las «bacanales» de carácter orgiástico degeneraban con frecuencia, hasta el punto de que hubo intentos de prohibirlas. Pero las m énades podían ser igualmente insolentes e irracionales cuando se enfurecían; eran capaces, con su gran fuerza, de despedazar a las bestias y devorarlas. En la tragedia Las bacantes, la última del griego Eurípides —y también su obra más ambigua y de difícil interpretación—, Penteo, el rey de Tebas, enfrentado a Dionisos, es desmembrado por ellas.
Las piezas del Prado son placas ligeramente curvadas que pudieron decorar una basa o pedestal circular. Se ha planteado la hipótesis de que fuera un monumento levantado en honor a un corega que había sufragado una representación teatral de Las bacantes de Eurípides, tragedia de enorme éxito en la Antigüedad desde su estreno en Atenas a finales del siglo v a. C..
El Museo Metropolitano de Nueva York posee unos relieves de ménades muy similares a estos del Prado. También lo son los que decoran las aras encontradas en el teatro romano de Itálica (Sevilla), donde aparecen acompañadas de un sátiro. Estas obras fueron realizadas en época de Augusto (s. i a. C.) y copiaban unos relieves muy célebres atribuidos a Kallimachos, el máximo representante del llamado estilo bello (entre 425 y 400 a. C.). Las ménades de Kallimachos se perdieron pero podemos hacernos una idea de su estilo gracias a los relieves de la balaustrada del templo de Atenea Niké, atribuidas a él mismo o a su taller. Se trata de victorias aladas elegantes y vivaces, ataviadas con vaporosos chitones. Otras famosas representaciones griegas de las seguidoras de Dionisos fueron las Thyadas de Praxíteles y las más dramáticas de Escopas (s. iv a. C.).