Centro Virtual Cervantes

Rinconete > Arte
Martes, 16 de marzo de 2004

Rinconete

Buscar en Rinconete

ARTE / Claroscuro

Leda

Por Marta Poza Yagüe

Según cuenta la mitología, Leda, mujer de gran belleza, era la esposa de Tíndaro, rey de Esparta. Un día en el campo vio acercarse a un cisne blanco que era perseguido por un águila. Decidida a ayudar al cisne, se desabrochó el extremo de la capa que la cubría, recogió al cisne en su regazo desnudo y, con el manto extendido, evitó que la rapaz pudiese alcanzarlo. Pero la persecución no era sino una trampa. Zeus, tan proclive al transformismo para conseguir amores ilícitos, se metamorfoseó en cisne para seducir a la reina, de quien se había encaprichado. De la unión, Leda puso dos huevos. Del primero nacieron los gemelos Cástor y Pólux; del segundo, las hermanas Helena y Clitemnestra.

El relato queda reflejado, con todo detalle, en este grupo escultórico del Prado. La pieza destaca, sobre todo, por su marcado carácter escenográfico. Evitando el estatismo y la frontalidad, dos marcadas diagonales rompen el espacio en dos direcciones opuestas: una es la definida por el brazo levantado de Leda; la otra, por el forzado movimiento hacia atrás que realiza con el cuerpo.

Los volúmenes del personaje femenino, no exentos de gracia en el modelado, son sin embargo, rotundos en lo que se refiere a la ejecución de los fuertes brazos y piernas, cuya anatomía es posible adivinar por debajo del fino tejido que las cubre. Resuelto mediante múltiples y menudos pliegues que se pegan a la piel, sigue la conocida técnica de los paños mojados inaugurada por Fidias. De cuerpo proporcionado, resta armonía la gran cabeza que lo remata. El error, sin embargo, no se debió a la impericia del artista, sino que fue fruto de la restauración sufrida por la escultura en el siglo xvii. Al perderse la cabeza original, su restaurador se vio obligado a colocar otra en su lugar, cuyo tamaño era sensiblemente mayor que el requerido.

Por lo que a su autor se refiere, el ejemplar del Prado es una copia romana realizada en la primera mitad del siglo ii d. C., siguiendo un original griego del período clásico (primer tercio del siglo iv a. C.) realizado por el escultor Timoteo. Al parecer, formó parte del amplio programa iconográfico que decoró el templo dedicado al dios Asclepio en Epidauro, uno de los santuarios más importantes de la Grecia Antigua.

El episodio, que se hará muy popular durante el período romano como broma erótica, fue recreado por el poeta nicaragüense Rubén Darío, quien lo incluyó dentro de sus Cantos de vida y esperanza (1905). Algunos de sus versos describen así la escena:

El cisne en la sombra parece de nieve;
su pico es de ámbar, del alba al trasluz;
el suave crepúsculo que pasa tan breve
las cándidas alas sonrosa de luz.
[...]
Tal es cuando esponja las plumas de seda
olímpico pájaro herido de amor,
y viola en las linfas sonoras a Leda,
buscando su pico los labios en flor.
[...]

Ver todos los artículos de «Claroscuro»

Centro Virtual Cervantes © Instituto Cervantes, . Reservados todos los derechos. cvc@cervantes.es